NEW YORK CITY
2013
Dicen que a los trece años es una época donde los niños dejan de ser niños y pasan a ser adolescentes. Se revelan contra el mundo, les salen espinillas, empiezan a interesarse en el amor, en el sexo, a las chicas les viene la menstruación etc. Vamos, una época en que estos pequeños humanos están en pleno crecimiento y comienzan a aprender las verdaderas lecciones de la vida. Dura exactamente cinco años, hasta los dieciocho años, cuando supuestamente pasar a ser adultos.

Ahora mismo si estas planteándote en inscribirte en esta prestigiosa universidad es por que has pasado esta etapa, pero bueno, ¡eso cosa del pasado! Olvídalo, pon eso en un rincón de tu memoria.

Ahora estás viviendo el año 2013 en la Universidad de Brown, situada cerca del corazón de Nueva York.

¿Estás aquí por elección propia, por el sueño de convertirte en alguien famoso en la vida? ¿Por qué tus padres tienen una cuenta bancaria muy grande? ¿O tal vez por obligación?

Sea la razón que sea el resultado es el mismo, estas en una de las mejores universidades de América, pero aquí no te daremos 'la comida masticada' lo cual si de verdad deseas llegar a ser alguien en la vida tendrás que currártelo, aquí no regalamos nada.

¡Casi lo olvido! Tal vez exijamos mucho, pero tampoco descartes la idea de tener un poco de diversión. Fiesta, alcohol, sexo, drogas.

En resumen, el libertinaje total.

Para Algunos, la diversión significa dormir en tantas camas como sea posible, para otros, las compras y manicura son las cosas más importantes en su vida y siempre habrá los -por su padres- tienen dinero y reputación.

Pero dejando todo eso atrás, en la oscuridad de Brown se esconden varias personas que pertenecen a una especie de secta, un grupo donde su intenciones no son exactamente buenas. Se hacen reconocer por 'la logia', una panda de personas donde jugarán con cualquier persona que les apetezca. Les gusta ver sufrir a los demás, viven a costa de ellos. ¿Que pasa? ¿A caso tienes miedo de ser su próximo elegido? Tranquilo, como en los cómics y películas de Stan Lee donde hay un villano, hay un super héroe, e aquí nuestros super héroes se hace llamar anti logia, un grupo donde quieren la paz en la universidad y acabar con toda esa crueldad.

Y dime, ¿quien eres tu? ¿Eres un becado? ¿Un estudiante normal? ¿O tal vez te guste la idea de pertenecer a la logia? Otra posibilidad es que quieras cumplir el sueño de todo niño, ser un super héroe y pasar a ser miembro de la anti logia pero...

Seas lo que seas, se bienvenido a Brown University.
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Un poco de ayuda para la hora del té| Bryony L. Ketzner

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Un poco de ayuda para la hora del té| Bryony L. Ketzner

Mensaje por Émilien M. Trideaux el Miér Ago 21, 2013 10:24 am



Ir de tienda en tienda para prepararnos
para la hora del té.


No puedo, en serio...—insistí apurado cuando salía de mi habitación y uno de mis compañeros de clase se encontraba a mi lado.—Debo acompañar a Bry...—susurré bajo y el muchacho entendió el por qué rechazaba las cervezas que íbamos a tomarnos todos después de clase.—La próxima semana, lo prometo—dije arreglando mi saco gris, metiendo mis manos en mis bolsillos para sacar la menta y llevármela a la boca. Respiré profundo, disfrutando del sabor de la menta que refrescaba mientras caminaba a la salida y pensaba en lo que haríamos Bryony y yo esa tarde de sábado.

¿Hace cuánto no salíamos? Bueno, seguramente desde hace varias semanas, o un mes, todo por exámenes, trabajos y demás. Ahora teníamos una excusa perfecta para vernos, todo gracias a su madre. Iba a tomar el té en casa de Bryony, como acostumbraban tomar los ingleses, aunque en realidad yo no estaba muy acostumbrado, por eso lo hacía de vez en cuando. Seguí caminando, llevando mi mano al bolsillo trasero de mi jean para verificar que se encontraba allí mi billetera. Si la hubiera dejado, no podría pagar lo que iba a comprar hoy, con la ayuda de la rubia. Suspiré al recordar que nos íbamos de compras, recordando todas esas veces que terminaba cargando todas las bolsas que contenían toda la ropa y los accesorios que compraban mis amigas. A veces me veían como mula de carga, o eso parece. ¿Tengo rostro de mula? Lo pude verificar cuando pasé al lado de la cafetería, observando mi reflejo en las ventanas del local. No, no tenía cara de mula, pero debía parecerlo con tanta bolsa.

Saqué mi celular para observar la hora y hacer un pequeño cálculo, solo para saber cuánto teníamos para la hora del té en donde nos encontraríamos con la señora Ketzner. Sin más demora le escribí un mensaje de texto a Bry, con una sonrisa en mis labios.

"No me vayas a dejar plantado. Recuerda: Quinta Avenida, tres de la tarde. Wink Te espero cerca a la tienda de Armani, ¿te parece?"

Guardé mi celular y seguí caminando, observando todas las personas que caminaban por la calle, apuradas, como si no tuvieran un momento para tomarse un respiro y relajarse. Los estadounidenses, a mi parecer, no saben disfrutar de la vida, de los momentos que le rodean. Otra cosa que encontré de la que me diferencio de los habitantes de este país extraño para mí. No demoré mucho para llegar a la famosa Quinta Avenida, un lugar demasiado concurrido por todos los que quieren renovar su guardarropa cada dos por tres, o gente como yo, que solo venía por dos razones: falta de ropa para la hora del té con una familia inglesa, o para ser mula de carga. Con este pensamiento no pude evitar sonreír divertido y me senté en una banca cercana al local de Armani, aunque local queda corto con lo enorme que es el lugar. Faltaban apenas quince minutos para las tres de la tarde, la hora acordara entre ambos. Sabía que un inglés no llegaría tarde nunca a ningún compromiso, por lo que seguramente en unos minutos mi amiga llegaría pronto. Yo intento ser muy puntual, más que todo con Bry, porque... es mi amiga, y odio dejar plantados a mis amigos.

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Émilien M. Trideaux

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Re: Un poco de ayuda para la hora del té| Bryony L. Ketzner

Mensaje por Bryony L. Ketzner el Miér Ago 21, 2013 11:23 am

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Bryony L. Ketzner

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Re: Un poco de ayuda para la hora del té| Bryony L. Ketzner

Mensaje por Émilien M. Trideaux el Miér Ago 21, 2013 12:55 pm



Ir de tienda en tienda para prepararnos
para la hora del té.


Mientras observaba como la gente entraba y salía de la tienda de Armani no pude evitar pensar en mi amiga, en mi inglesa favorita en todo el planeta. De la nada parecía que en frente de mis ojos se hubiera multiplicado la rubia en la que pensaba reemplazando a todos los visitantes ansiosos por conseguir ropa nueva, en sus diferentes vestidos impecables, esos que demostraban que era toda una dama educada del Viejo Continente. Sabía que era algo así como un pequeño sueño, uno que me encantó al verle en todas partes en unos escasos segundos. Ojalá fuera posible... Basta, Émilien, es solo tu amiga, nada más, no pienses más en ella...

Ne pas penser en elle...—susurré bajo con mi acento francés, recostándome en el espaldar de la banca en donde me encontraba sentado, pensando que si no pensara en ella era algo así como que le dijera a mi corazón que olvidara de bombear sangre a todo mi cuerpo. Sí, me pongo algo cursi cuando de Bryony se trata, pero es mejor que no se entere, ¿no?

Podíamos hacer muchísimas cosas juntos esa tarde, teníamos mucho tiempo libre antes de la hora del té, además que yo soy alguien que, en el momento de comprar ropa, no soy tan quisquilloso como las mujeres que me rodean y elijo la ropa que me quede bien en primera estancia. Salgo una vez del probador y ya, dos veces máximo, si lo hago más veces es porque no conseguiré nada en la tienda. Como elegiría mi ropa rápido significaría que tendríamos tiempo para comer un helado, caminar, pasear, reír, para comprar más ropa por su parte y no por la mía, teníamos tiempo para todo lo que quisiéramos hacer y fuera posible en ese lapso de tiempo.

Suspiré mirando a ambos lados del andén, luego miré mi reloj, notando que ya eran la tres. ¿Dónde estaba ella? Y de la nada, unos labios familiares dejaron un beso sonoro que me hizo sonreír de oreja a oreja, sabiendo de ante mano de quien se trataba por el beso y también por el aroma dulce que desprendía de su ser. Bryony había por fin llegado.—¿Y tú no estás ansiosa?—pregunté divertido, viendo como se colocaba en frente de mí, con aquel vestido blanco limpio, radiante. Sí, siempre estaba radiante. Todo el mundo lo podía ver. Una brisa hizo que nuestros cabellos se agitaran un poco, pero me quedé mirándole, viendo como se acomodaba un mechón detrás de la oreja. Era muy hermosa, radiante, perfecta, así la veía desde que le conocí y la veré hasta la muerte de aquella manera. Nadie ni nada me haría cambiar de opinión. Reí bajo al escuchar sus palabras, levantándome de la banca, acomodando mi sudadera gris en donde encontraba mi inhalador.—Nada de fotos ni videos, Bry, por favor—le recordé, o le supliqué recordando la última vez que se habían invertidos los papeles y era yo el que compraba ropa. Gianna y ella no dejaban de ver un video que tomó a escondidas cuando me estaba probando ropa en otra tienda, ya no recuerdo el nombre.—Yo cargaré mis bolsas, Bry, y las tuyas, porque seguramente terminarás comprando algo, te conozco—admití riendo, dándole un abrazo y besando sus mejillas, dejando un beso en cada lado, como acostumbramos los franceses.—Comencemos por Armani, ¿te parece?—pregunté sonriente, respirando profundo antes de cruzar el andén con mi mejor amiga para luego entrar a la tienda.

Me sentía un poco raro, no solía buscar ropa en tiendas grandes como esa, siempre terminaba perdiéndome. Simplemente miré a mi alrededor, buscando flechas que llevaran a la zona masculina y miré a mi amiga.—Una camisa y un pantalón, una camisa y un pantalón—repetí recordando lo que la rubia me había dicho la última vez que hablamos por teléfono, justo cuando me invitó a tomar el té con su madre. Sin esperar mucho empecé a mirar toda la ropa dispuesta, comenzando por las camisas, sacando un par para mostrarle a Bry solo para obtener su opinión.—¿Camisa azul? ¿O esta blanca?—dije divertido, poniendo cada camisa en frente de mi pecho, solo para que Bry lo pudiera imaginar.—¿O ninguna? Dime, gurú de la moda—susurré riendo bajo, dedicándole una sonrisa burlona por el apodo que había utilizado para ella al final.

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Re: Un poco de ayuda para la hora del té| Bryony L. Ketzner

Mensaje por Bryony L. Ketzner el Miér Ago 21, 2013 2:02 pm

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Re: Un poco de ayuda para la hora del té| Bryony L. Ketzner

Mensaje por Émilien M. Trideaux el Miér Ago 21, 2013 2:50 pm



Ir de tienda en tienda para prepararnos
para la hora del té.


Émilien Trideaux comprando ropa en Armani... Aquel evento extraordinario pasaba... ¿cada cuánto? Era tan raro que mis amigas se sorprendían cuando les pedía que me acompañaran para comprar algo de ropa, más raro aún si era en una de las tiendas ubicadas sobre la Quinta Avenida neoyorquina, en serio. Por eso las chicas no se aguantaban el tomar fotos y videos, y sabía de antemano que su mejor amiga no se aguantaría y rompería la promesa muy pronto.—Bry, terminarás viendo un vestido que te guste y lo comprarás, y así, una reacción en cadena—insistí divertido, observándole muy atento.

Ya en la tienda no dejaba de mirar cada prenda de ropa que ofrecía la tienda a los clientes en maniquíes, ganchos, todos ubicados a nuestro alrededor. A veces veía prendas que simplemente me hacían reír, ya que se veían muy incómodas, o no eran de mi gusto. Yo soy nulo si me hablan de moda, todo lo contrario de Bryony: ella en serio era la gurú de la moda, por eso le había pedido que me ayudara a escoger el mejor conjunto para ver a su madre y no parecer el desaliñado Trideaux que suele ir en sudadera, camiseta blanca, jeans y Converses casi siempre. Bueno, desaliñado no, solo me gusta siempre usar ropa cómoda, sin importar si me veo bien o mal. Pero para causar una buena impresión debo mejorar mi forma de vestir aunque sea por una tarde. Y esa era la razón por la cual me encontraba tonteando en Armani, al lado de Bryony.

Una sonrisa se dibujó mi rostro cuando escogió la camisa azul. El azul era uno de mis colores favoritos, y al parecer era una buena elección para mí según mi gurú personal de la moda.—Blanco descartado entonces—dije dejando la camisa en su sitio de nuevo, y tomando la azul para ponerla en mi hombro de forma relajada. Escuché la propuesta de la rubia y simplemente asentí al ver como se giraba e iba a buscar mis pantalones. No pude evitar quedarme un momento quieto, con mi mirada fija en ella, viendo su figura alejándose con elegancia de mí. Y de la nada noté como dos tipos la miraban, casi con la misma mirada tonta con la que le había observado segundos antes. Aquello me hizo fruncir el ceño, y esperaba que Bryony se apurara, aunque sus pies se movieron al ver como los tipos empezaban a seguirle. Tragué saliva y sin pensarlo empecé a caminar rápido, alejándome de la zona de camisas y de los probadores, yendo hacia la zona de los pantalones, justamente donde encontré a Bry abriéndose paso entre ambos hombres. Suspiré aliviado, dedicándole una sonrisa a su amiga, viendo como caminaba con mala cara con el pantalón entre sus manos.—Vamos a los probadores—insistí caminando a su lado, poniendo una de mis manos libres en el centro de su espalda.—Alista tu cámara, Bry—le susurré sonriendo en la oreja antes de dejar caer mi mano y tomar el pantalón de sus manos de forma tranquila, justo en el momento en el que llegamos a los probadores.

Ya dentro, mirándome al espejo, respiré profundo, quitándome la sudadera y la camiseta blanca para luego ponerme la camisa azul de algodón. Bastante cómoda. Me fui abotonando la prenda mientras que mis pies se deshacían de mis converses negros y me dejaba en medias tobilleras, solo para poderme quitar rápido los jeans para probarme los pantalones negros que había escogido Bryony.—Tienes buen gusto—le aseguré riendo luego de ponerme el pantalón y salir a donde se encontraba, viéndome rodeado de espejos y gente desconocida, aunque la única persona a la que le ponía toda mi atención era a mi amiga.—¿Ahora si soy digno de tomar el té con tu mamá y contigo?—bromeé mirándome al espejo que tenía en frente para luego mirarle.—¿Quiénes eran esos?—pregunté refiriéndome a los muchachos con los que se había topado en la zona de pantalones.—Idiotas que buscaban llamar la atención de Lady Bryony—murmuré ya estando en frente de ella, riendo después por como la llamé. Lady Bryony, era un apodo más que perfecto para aquella dama que tenía en frente, aquella que solía robar las miradas de los chicos que estuvieran a su alrededor y hacer que las mujeres se pusieran celosas. Sí, aquello pasaba casi siempre, pero Bryony no se dejaba, o prefería ignorarlo. O al menos eso veía yo.—Mi Lady—hice una pequeña reverencia y le saqué la lengua divertido, acomodando las muñecas de la camisa azul que había escogido—¿te parece si en un rato salimos y comemos algo?—pregunté pasando mi mano por mi cabello, despeinándolo un poco para no verme tan formal. Sí, me sentía demasiado formal, aunque la rubia me había asegurado que una camisa y un pantalón no eran tan formales... ¿Qué podía decir yo si tenía razón o no si no sé nada de moda? Solo esperaba que le gustara a Bry mi conjunto.

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Última edición por Émilien M. Trideaux el Miér Ago 21, 2013 3:47 pm, editado 1 vez


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Re: Un poco de ayuda para la hora del té| Bryony L. Ketzner

Mensaje por Bryony L. Ketzner el Miér Ago 21, 2013 3:38 pm

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Re: Un poco de ayuda para la hora del té| Bryony L. Ketzner

Mensaje por Émilien M. Trideaux el Jue Ago 22, 2013 9:29 pm



Ir de tienda en tienda para prepararnos
para la hora del té.


Desde mi llegada a Nueva York prácticamente todo me parece demasiado diferente a como era mi vida en Francia. Las personas son diferentes, el idioma igual, las costumbres también... Pero todo lo he podido tolerar sin mucho esfuerzo por la compañía de Gianna y Bryony, además de otros compañeros y amigos que había conseguido desde que puse mis pies en el nuevo continente. Desde que nos conocemos, las chicas y yo hemos pasado ratos muy agradables, momentos memorables, risas, carcajadas, casi nunca nos hemos enojado entre nosotros, y si nos enojamos era por tonterías. Teniendo amigas como ellas todo es más sencillo, o así me parece. La soledad, esa que temía desde que me subí al avión en Marsella, alejándome de mi familia, casi nunca me había tocado estando acompañado con mis amigos.

Y bueno, estando tanto tiempo con Bry y Gia me había vuelto muy protector, y algo celoso. En realidad muy celoso, pero prefería no admitirlo. Verlas con hombres que buscaban algo más que amistad me alteraba, más que todo con Bryony, y no puedo evitarlo, en serio. Ella me parece tan delicada y tan femenina que no soportaría que un idiota le hiciera daño, así como ella me contó que le había ocurrido, una vez cuando hablábamos mientras caminábamos por Central Park. Ambas se merecen a alguien que les corresponda, que las cuide, que las quiera. Por eso ver a Bryony con esos dos... "acosadores" me había alterado. Al alejarnos de ellos nuestros cuerpos se relajaron, y por eso me había permitido hacerle bromas a mi mejor amiga, todo con tal de sacarle una buena sonrisa.

Cuando salí del probador, con las prendas Armani sobre mí, luego de ver a mi amiga me fijé en su móvil, listo para tomar fotos aunque ella quisiera negarlo. Era obvio que lo haría, y por eso una sonrisa divertida se dibujó en mis labios.—Toma mi mejor ángulo, Bry, Gianna debe verlo todo bien, debe babear—bromeé riendo bajo, guiñándole un ojo.—"Estoy..."—insistí levantando ambas cejas, sonriendo, esperando por la continuación de la frase, aunque como terminó el cumplido me tomó por sorpresa.—¿Me amará más? ¿Eso es posible?—dije bromista, sacándole la lengua. Luego vino mi comentario incluyendo el "Mi Lady" que lograba avergonzar un poco a mi amiga rubia. Bueno, un poco no... Bastante, todo gracias a que mi reverencia había hecho que todas las personas que se encontraban cerca de los probadores y alrededor se fijaran en mi acompañante, la chica que se cubría el rostro apenada. Aunque pude notar que algunas miradas se habían fijado en mí, pero la mayoría estaban sobre Bryony. Me mordí el labio divertido al escucharle decirme "payaso". Muchos me describían de aquella manera.—Lo siento, no me pude contener—me disculpé dejando que la rubia me ayudara con las muñecas y el cuello, sin dejar de mirarle, de observar cada detalle perfecto de su rostro. Sí, todo en ella era perfecto. Solté una pequeña carcajada al escucharle y negué suavemente con la cabeza.—Yo siempre tengo buenas ideas, ma chérie—comenté seguro, imaginando el delicioso helado que nos esperaba fuera, luego de comprar la ropa. Cuando me di cuenta las manos de mi amiga sujetaban las mías, y no pude evitar sentir como mi corazón se aceleraba con solo el contacto de sus manos atrapando las mías. "Contrôle-toi, Trideaux" pensé intentando mantener la calma y no entrelazar sus dedos con los míos. Soltó mis manos y dejé escapar un suspiro, asintiendo y me di vuelta para entrar de nuevo al probador. Me cambié rápidamente, subiendo la cremallera de mi sudadera hasta el pecho, un poco más abajo de mis clavículas, metí mis manos en mis bolsillos verificando que todo siguiera en su lugar, tal y como debía ser, y así era.

Cuando volví a ver a la rubia traía con ella una corbata, cosa que me sorprendió ya que yo muy pocas veces usaba corbata. Eso no significa que no sepa hacer el nudo... Bueno, sí, no lo sé hacer perfecto, pero no me importa.—Si me la pongo, ya sabes... Me debes ayudar—le susurré divertido, tomando la ropa en una mano, mientras que la otra sujetaba con suavidad la mano de mi amiga y en ese momento no logré contenerme, entrelazando disimuladamente mis dedos con los suyos, acariciándolos suavemente antes de soltarle, en el momento en el que llegamos a la caja. Sin mucha espera pagué y tomé las bolsas.—Las primeras, y supongo que las últimas—bromeé refiriéndome a las bolsas que decían "Armani" que sujetaba ya mi mano.

Al salir de la tienda respiré profundo, algo más relajado. Misión cumplida, o así lo veía yo en mi cabeza cuando me refería a la misión de comprar ropa para la hora del té, pero eso no significaba que nuestro momento juntos acabaría tan pronto.—Hora del helado—murmuré tomando de nuevo la mano de mi acompañante y caminamos hasta un puesto de helados cerca. Justo cuando llegó el momento de pedir el helado me fijé en todo lo que ofrecía el puesto.—Para la señorita un helado de... Fresa y vainilla—dije atento. Con mis amigas siempre estaba atento a todo aquello que mencionaran, por lo que sabía de antemano cuales eran los sabores favoritos de ambas. Miré a Bry, esperando que hubiera hecho bien en atinarle al pedido, luego volví a mirar a la persona que atendía.—Y a mí me da un helado de chocolate y melocotón—dije sonriendo, sacando mi billetera para pagar ambos helados.—¿En serio no vas a mirar vestidos? Me sorprendes, Ketzner—mencioné riendo suavemente, mirándole a los ojos tranquilo.

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Re: Un poco de ayuda para la hora del té| Bryony L. Ketzner

Mensaje por Bryony L. Ketzner el Vie Ago 23, 2013 12:45 pm

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Re: Un poco de ayuda para la hora del té| Bryony L. Ketzner

Mensaje por Émilien M. Trideaux el Vie Ago 23, 2013 3:28 pm



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para la hora del té.


Cuando hablé por primera vez con Bryony Ketzner nunca me imaginé que terminaríamos siendo mejores amigos, menos que sentiría cosas por ella, cosas que salían a relucir cuando estábamos juntos con los detalles que le entregaba, las carcajadas, los celos que sentía cuando le veía con otros, etc. Ella sabía mucho de mí, como Gianna, y yo sabía demasiado de ambas. La confianza entre nosotros era infinita, y haría lo que fuera por proteger a ambas chicas, aunque solo las conociera desde hace un año.

Bueno, tenía que admitir que ir a la casa de Bry esa tarde me había puesto de lo más nervioso, y la verdad es que el nerviosismo nunca está muy presente en mí, excepto en algunos casos. Sabía que le había caído bien a la señora Ketzner, pero esperaba como siempre que estaba con Bry y con ella que las cosas fueran tranquilas. Pero... ¿cómo estar tranquilo si la hija perfecta de los Ketzner me tenía loco? Bueno, desde hace unos largos meses, por no decir desde que nos conocimos, la rubia me atraía. Su personalidad era especial, perfecta, y ni hablar de sus modales, de sus sueños, de todo. Creo que por eso deslumbra cada que entra en alguna habitación y la mayoría posa su mirada atenta en ella. Mi hermano mayor, Gérard, intuye algo, porque siempre que hablamos me pregunta por ella, me hace cejitas, y no me cree cuando le digo que la considero mi hermana y así será hasta el final de mis días. Gér me conoce bien, para mi mala suerte.

En fin, volviendo a donde estábamos, mis ojos no podían dejar de ver a mi amiga mientras que nuestros pies nos conducían tranquilamente hasta el puesto de helados. Pero yo no dejaba de pensar en la sensación que invadía mi cuerpo mientras que mis dedos acariciaban los suyos, entrelazados. Su piel era demasiado suave, y su perfume era perfecto, lo podía captar desde donde me encontraba. Pero no podía ilusionarme demasiado, sabía perfectamente que Bry no quería un compañero sentimental, y eso era muy difícil de cambiar. Por eso seré como su hermano, no importa lo que pase.

Del día—repetí riendo, negando con la cabeza divertido, ya que sabía que en otros días las compras serían de más bolsas, todas las que pueda cargar yo y seguramente el auto de mis chicas.—Gianna y tú son obsesas de las compras, ustedes son ying, yo soy yang, y como dicen por ahí, los opuestos se atraen—murmuré divertido, aunque me di cuenta de lo que dije tan solo segundos después de pronunciarlo.—Por eso nos conocimos, y por eso somos tan buenos amigos—añadí tranquilo, sintiendo que mi corazón se había acelerado un poco más de la cuenta, un poco más de lo que ya se había acelerado por el contacto de los dedos de mi amiga entre mis dedos.

Al pedir el helado de mi amiga pude notar con su sonrisa que había atinado perfectamente con los sabores que quería. Los sabía porque ella solía comer siempre aquellos sabores, ya me había fijado. Darle una pequeña sorpresa a Bry podía parecerle emocionante, así lo pude ver en sus ojos sin ningún problema. Le dediqué una sonrisa antes de pagar y esperamos a que prepararan nuestros conos. Su pregunta me sorprendió y le miré a los ojos con una sonrisa tímida.—Sí, bueno, hace mucho no como helado de melocotón, me recuerda a mi padre y a mi hermano—admití sonriendo, viendo como hacían los conos de otros clientes. Me recosté en el mostrador, divertido por sus palabras. Arrugué la nariz al sentir el suave toque de su amiga en su nariz, algo que siempre me parecía muy dulce de su parte.—Como dije, son obsesas Gia y tú, pero no es malo, para nada, Bry—le piqué una vez más, sabiendo cual sería la expresión que invadiría su rostro por mi comentario. Me mordí el labio inferior al seguir escuchándole, sin poder evitar sentirme afortunado como ella lo había dicho. Iba a verle con un nuevo vestido, y seguro me sentiría en el cielo cuando le viera caminar o simplemente reír de cualquier cosa, así como me sentía cada vez que estaba con ella. Mierda, soy demasiado cursi, pero así me siento.

El beso que dejó con cuidado en mi mejilla hizo que volviera a la Tierra rápidamente. Cuando miré a mi amiga una vez más estaba recibiendo los helados, helados que simplemente hacían que mi boca se hiciera agua. Era perfecto a la vista, debía ser delicioso, y aquello lo iba a verificar pronto, cuando el postre llegara a mi boca. Tomé el cono y probé un poco de la bola de chocolate, aunque solté una risa divertida al escucharle.—Solo si me das un poco del tuyo—murmuré de broma, aunque sí quería probar la bola de helado de fresa. Empezamos a caminar, ambos comiendo nuestro helado, pero me detuve por un momento al escucharle, sorprendido primero, pero luego le dediqué una gran sonrisa.—¿En serio?—pregunté emocionado por ella, recordando que le encantaba el ballet, aunque nunca la he visto bailando. Debía ser maravilloso verle bailar ballet, algún día le pediría que me diera una demostración, aunque ya lo he intentado tantas veces que le deberá parecer molesto pedírselo una vez más. De repente pensé en lo que implicaría que le aceptaran en la obra.—¿Si te aceptan por cuánto tiempo te irías?—pregunté algo nervioso, probando mi helado como si fuera un niño pequeño. No verle por un largo tiempo me resultaba difícil, sería demasiado complicado después de estar tan acostumbrado a ella.—¿Me llevarás en la maleta?—bromeé sonriendo, intentando no pensar en lo raro que sería no tenerle cerca.

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Re: Un poco de ayuda para la hora del té| Bryony L. Ketzner

Mensaje por Bryony L. Ketzner el Vie Ago 23, 2013 4:47 pm

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Re: Un poco de ayuda para la hora del té| Bryony L. Ketzner

Mensaje por Émilien M. Trideaux el Vie Ago 23, 2013 5:40 pm



Ir de tienda en tienda para prepararnos
para la hora del té.


Podía sentir como el helado de chocolate se derretía en mi boca y la refrescaba, al igual que el de melocotón, que por alguna razón era uno de sus sabores favoritos y prácticamente el favorito de su familia, exceptuando Johanna, mi... hermana. Uf, qué mala suerte tengo por tenerla como familiar. Con ella nunca he tenido conexión, en ninguna parte. Por eso prefiero a Gérard y a mis padres, que aunque no compartamos lazos de sangre, me tratan como su hijo y hermano. A veces salíamos a comer melocotones sentados en la playa, observando como los barcos llegaban y salían del puerto, riendo por cualquier tontería. Mientras disfrutaba de mi helado de melocotón la nostalgia me invadió. Siempre era muy apegado a mi familia, y estar tan lejos es difícil, pero teniendo a personas como Bryony a mi lado la distancia es muy llevadera.

Sonreí de lado al escucharle, asintiendo mientras lamía la bola de chocolate que, por cierto, estaba deliciosa para luego responderle.—Lo tendré en cuenta, te va a encantar—le guiñé el ojo sonriente cuando pensaba en alguna cena en la que podíamos compartir el postre. Mi imaginación siempre vuela con Bry, es inevitable. Por eso mismo en mi computador y en mis cuadernos de dibujo hay varias ilustraciones irreales donde una figura delicada aparecía, con vestido, sonriendo. ¿Hace falta mencionar que es Bryony? No lo creo. Gianna también aparecía en mis dibujos, al igual que mi hermano y mis padres. Por lo general si dibujaba a mi hermana terminaba siendo alguna figura terrorífica, peor que Frankenstein o el conde Drácula. Era divertido verla como un personaje malvado en mis dibujos, pero era terrible verle en mis pesadillas.

¿Solo conmigo? ¿En serio?—pregunté antes de soltar una carcajada, luego me mordí el labio al ver como me sacaba la lengua.—Claro, cuando yo voy con ustedes de compras no necesitan las bolsas, así que aprovechan—añadí haciéndome el pensativo, pero era obvio que aquella era la razón. A veces mis amigos me jodían cuando me encontraban llenos de bolsas, aunque ahora ya no tanto, ya era algo muy normal.—He sido motivo de burlas por ser mula de carga de las señoritas Ketzner y Lauper—puse los ojos en blanco recordando esos momentos y luego seguí riendo bajo, justo antes de probar una vez más el helado de melocotón. Miré el helado de mi amiga e hice un puchero al escuchar que no me daría.—Anda, Bry, una pequeña probadita, no seas mala—murmuré con voz de niño, aunque me salió mal, muy fingida. Seguíamos caminando y parecía que todas las personas apresuradas de Nueva York habían desaparecido en ese momento, mientras esperaba que contestara mis preguntas con respecto a la audición del Lago de los Cisnes. Una vez fui al teatro con mi familia, cuando era muy pequeño, y vi por primera vez la obra. Fue interesante ver a todos los bailarines, aunque Gérard se quejaba y pedía que nos fuéramos de allí. Solo un par de veces más lo vi en vivo, las otras veces que la he visto fue por televisión, algunas noches que mis padres querían descansar y ver algo en la televisión.

Mis ojos se abrieron bastante, y sentí que mi corazón se desaceleraba sin poder evitarlo.—¿Cinco meses?—pregunté algo aturdido, con los labios sobre el helado de melocotón, ya que el de chocolate ya se había acabado en el camino. Cinco largos meses, por Dios. Pero todo porque mi amiga fuera feliz, seguro la aceptarían en la obra. Debía ser muy buena, ella es excelente en todo lo que se propone, por eso no había ninguna duda de que pronto iría a Inglaterra de nuevo para hacer parte de una de las obras más reconocidas cuando se habla del ballet a lo largo del mundo. Y yo moría por verla. Mordí despacio la galleta del cono, algo perdido en mi cabeza, pero luego volví a escucharle y desperté.—Tendrás que conseguir una maleta muy grande, Bry—bromeé un poco mientras masticaba la galleta distraído mientras observaba a mi rubia favorita en todo el mundo.—Hey, yo conseguiré el boleto para verte bailar, ojalá todos los días que te presentes—dije muy seguro, sonriendo por mi sinceridad. Nunca me cansaría de verle bailar, es imposible cansarme de ella. Cuando me había dado cuenta estábamos sentados en una banca fresca y me recosté en el espaldar de ésta, dejando a un lado la bolsa de Armani con la ropa que acababa de comprar.—Como siempre que tocamos el tema del ballet... ¿Es posible que me dejes verte un día? ¿Alguna práctica? ¿Algún giro?—pregunté haciendo de nuevo el puchero, pero sin la voz de niño.—Me imagino la emoción de tu familia cuando les dijiste sobre la audición—admití sonriendo pero luego caí en cuenta de algo.—¿Giannie sabe? ¿O yo me enteré primero? Necesito saberlo para burlarme de ella, o que ella se burle de mí—dije bromista y solté una carcajada suave, pero me quedé mirando una pequeña mancha que había quedado bajo el labio de mi amiga.—Tienes un poco...—me quedé observando su labio inferior, ese que se veía tan suave, para luego llevar mi pulgar debajo de él, limpiando la mancha con cuidado, respirando profundo. Separé mi dedo de su rostro y le dediqué una sonrisa antes de llevarlo a mis labios, chupándolo tranquilo, sintiendo la fresa en mi boca aunque fuera una pequeña probada.—Listo. Debimos pedir servilletas, o un babero—bromeé volviendo a comer de mi helado, bajando la mirada algo nervioso al no haberme contenido cuando quería probar la mancha que había quitado de su labio. "Contrôle-toi, Trideaux, contrôle-toi".

Con Bryony  Ketzner  ₪ Sábado en la tarde  ₪ Nublado  ₪ La quinta avenida


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Émilien M. Trideaux

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Re: Un poco de ayuda para la hora del té| Bryony L. Ketzner

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