NEW YORK CITY
2013
Dicen que a los trece años es una época donde los niños dejan de ser niños y pasan a ser adolescentes. Se revelan contra el mundo, les salen espinillas, empiezan a interesarse en el amor, en el sexo, a las chicas les viene la menstruación etc. Vamos, una época en que estos pequeños humanos están en pleno crecimiento y comienzan a aprender las verdaderas lecciones de la vida. Dura exactamente cinco años, hasta los dieciocho años, cuando supuestamente pasar a ser adultos.

Ahora mismo si estas planteándote en inscribirte en esta prestigiosa universidad es por que has pasado esta etapa, pero bueno, ¡eso cosa del pasado! Olvídalo, pon eso en un rincón de tu memoria.

Ahora estás viviendo el año 2013 en la Universidad de Brown, situada cerca del corazón de Nueva York.

¿Estás aquí por elección propia, por el sueño de convertirte en alguien famoso en la vida? ¿Por qué tus padres tienen una cuenta bancaria muy grande? ¿O tal vez por obligación?

Sea la razón que sea el resultado es el mismo, estas en una de las mejores universidades de América, pero aquí no te daremos 'la comida masticada' lo cual si de verdad deseas llegar a ser alguien en la vida tendrás que currártelo, aquí no regalamos nada.

¡Casi lo olvido! Tal vez exijamos mucho, pero tampoco descartes la idea de tener un poco de diversión. Fiesta, alcohol, sexo, drogas.

En resumen, el libertinaje total.

Para Algunos, la diversión significa dormir en tantas camas como sea posible, para otros, las compras y manicura son las cosas más importantes en su vida y siempre habrá los -por su padres- tienen dinero y reputación.

Pero dejando todo eso atrás, en la oscuridad de Brown se esconden varias personas que pertenecen a una especie de secta, un grupo donde su intenciones no son exactamente buenas. Se hacen reconocer por 'la logia', una panda de personas donde jugarán con cualquier persona que les apetezca. Les gusta ver sufrir a los demás, viven a costa de ellos. ¿Que pasa? ¿A caso tienes miedo de ser su próximo elegido? Tranquilo, como en los cómics y películas de Stan Lee donde hay un villano, hay un super héroe, e aquí nuestros super héroes se hace llamar anti logia, un grupo donde quieren la paz en la universidad y acabar con toda esa crueldad.

Y dime, ¿quien eres tu? ¿Eres un becado? ¿Un estudiante normal? ¿O tal vez te guste la idea de pertenecer a la logia? Otra posibilidad es que quieras cumplir el sueño de todo niño, ser un super héroe y pasar a ser miembro de la anti logia pero...

Seas lo que seas, se bienvenido a Brown University.
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Mensaje por Ariadna H. O'Vullöus el Sáb Jul 20, 2013 10:54 am

10 de Abril - 12:46h.
Gira, gira, vuelve a girar, relevé, plié, gira, gira, gira, ballotte... fauetté.” Me decía mentalmente mientras me concentraba observandome en el espejo a la vez que recreaba esos movimientos. Mis brazos, cabeza y piernas se movían al ritmo de la música con aquella elegancia y delicadeza que me encantaba darle a aquellos movimientos, suaves y tranquilos. ¿De qué hablo? Más sino de mi pasión, el ballet, eso que practicaba tan sólo a veces, cuando tenía algún problema que solucionar interiormente. Y es que, hacía tantísimo tiempo que no lo practicaba que mis giros no eran perfectos, no cubrían aquel patrón perfecto de bailarina que hacía meses sí tenían. Maldita dejadez...y malditos recuerdos que me traían cada vez que bailaba ese estilo de baile. Supose que esa sería la razón más acorde por la que había dejado el ballet, por los recuerdos que me traían y esa misma razón era por la que no actuaba delante de nadie, ni por nada del mundo ante cualquiera, pues, el ballet era como otra de mis partes íntimas; no las enseñaba así como así. Nadie me había visto bailar ballet, nunca, pues como digo es una parte más en mi cuerpo íntima de mí. Pero ese día, tenía que desahogarme y bailando era la única manera de que mis sentimientos emanaran, pues sí, el ballet también era mi mejor amigo, era aquel que me comprendía, aquel que en cada movimiento reflejaba mi estado, el que me entendía y me ayudaba a desahogarme. ¿Raro? Sí.

Mantenía aquellos movimientos sin cesarlos pasadas las tres horas de estar en aquella sala del gimnasio encerrada, tenía clases, sí, pero ¿para qué acudir cuando eres el ojo derecho del director y cualquier profesor? Hoy no iría. Me pasaría allí toda la mañana hasta que mi cuerpo dijera basta. Pues, llevaba allí desde las cinco de la madrugada aproximadamente y se me había pasado el tiempo volando, ya eran las ocho pasadas y los estudiantes de la universidad comenzarían a despertarse, otros estarían ya despiertos, otros estarían acudiendo a clase. Otro día normal en Brown. Pero el mío no seria “normal”, pues ya llevaba levantada hacía mucho y no acudiría a clase.

Llegaron las doce y mi cuerpo no podía sudar más, me estaba machacando demasiado a mí misma, pero así lo requería y quería que fuera. ¿Razón? Reencontrarse con alguien que odias a muerte y saber que estás en la misma institución que esa persona, que te la encontrarás día a día, que el pasado que tuviste con ella fué una mierda. No sé entonces como tomé el salto que estaba haciendo en ese momento, que mis piernas temblaron y me hicieron trastabillar contra el suelo, sintiendo como una de mis uñas de los piés se partía. Un chillido ahogado salió de mi garganta apoyándome en la pared que me quedaba a un metro, sacandome la punta y el protector de silicona con delicadeza, observando mi calcetín con una mancha roja que crecía cada vez más. Mierda.

Tras salir de la enfermería andando un poco coja, con mi ropa algo húmeda de haber sudado y la coleta algo despeluchada del mismo ejercicio fuí hasta la fraternidad de los Gamma que era la que me pillaba más cercana para ir a la habitación de mi mejor amiga, Kimberly y pedirle que me cuidara las cosas y me dejara asearme un poco, pues, mi chalet estaba demasiado lejos y todavía no me iba a ir de la universidad ya que tenía que hacer algunas cosas.

Me duché con el pie vendado fuera de la ducha y me vestí con ropa que semanalmente le dejaba a Kimberly allí para ocasiones como aquella, vistiéndome cómodamente , con esa camiseta que me había regalado un chico que jugaba en el equipo de la universidad de fútbol americano, la cual, me paraba por bajo de los glúteos, casi de vestido. Me dirigí, entonces, hacia las escaleras con el fin de ir un rato a tomar el aire y descansar mi cuerpo recientemente machacado, pero ni llegué a las escaleras puesto que por culpa de un chico que me sacaba cerca de dos cabezas me pisó en el pié accidentado, a lo que por inercia me hizo soltarle unas palabras con todo el cariño del mundo; insultos. Apoyé mi espalda en la pared cercana y flexioné mi rodilla, apretándome el dedo de la uña, mientras esperaba que el dolor se calmara. - Hay gente que es inútil hasta para caminar, ciegos...malditos ciegos... -Murmuré a regañadienes aquello, sin saber si el personaje se había ido o se había quedado a ver mi numerito.









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Re: {·Phillip M. Hilton} Sedientos de veneno y sangre.

Mensaje por Phillip M. Hilton el Sáb Jul 20, 2013 12:06 pm

El despertador sonó a las 6 de la mañana, me levante como de costumbre para ponerme la ropa deportiva, fui al baño para lavarme los dientes, la cara y peinarme. Salí de mi habitación como todas las mañanas con un grupo de amigos e empezamos a correr alrededor de la universidad, no estaba en ningún equipo de deportes pero solía correr con los deportistas para entrenarme físicamente y a ellos también. Mientras corría las chicas de Zeta Beta Zeta o las delta Nu, también salían a correr, por que iba a mentir, las miraba como todos lo hacían, eran perfectas por donde se las mirase, un cuerpo esbelto, perfectamente definido, eran hermosas pero lo malo es que la mayoría estaba mas tocada que puerta de banco. En ese momento me frene para beber agua y después seguir corriendo por toda la universidad hasta las 8 de la mañana cuando deje a los chicos en la entrada al laberinto, me despedí de ellos, subí a mi habita cuando llegue a mi fraternidad. Estaba completamente sudado, fui a tomar una ducha relajante, tenia clases a las 9 y aun me quedaba tiempo para ir a desayunar a la cafetería de la universidad.

Cuando salí del baño, prendí la televisión, para ver las noticias, tenia tan solo una toalla alrededor de mi cintura, le deje caer como si nada para mirar dentro de mi clóset, saque un bóxer Calvin Klein color blanco que me puse rápidamente, me mire al espejo para tocarme el pecho, era una persona que cuidaba mucho su estética, era un metrosexual si, sin duda pero no me molestaba, prefería ser impecable que ser un asco de persona. Tome mi celular cuando sonó "No hay clases hoy, el profesor esta enfermo", mire el reloj, eso era malo, yo tenia preparado mi ensayo pero bueno otro día sera. Me puse a buscar algo que combinara conmigo, algo que podría usar todo el día sin tener que andar cambiándome de ropa para diferentes ocasiones, tome una remera, un pantalón y lo combine, bien aquello era raro, un chico que sepa de combinación de ropa, pero teniendo la personalidad que tengo, si nada en mi es perfecto entonces era un problema personal. Una ves vestido me mire, la ropa era jodidamente perfecta, siempre me vestía de manera masculina, nada de colores raros que puedan dejar ciego a las personas, una vez estuve listo solo me puse algo de perfume y desodorante bajo el brazo, guarde mi celular y mi billetera, salí de mi habitación, mirando a un par de chicos que allí estaban, me puse lentes de sol y salí afuera empezando a caminar.

Ir a una cafetería de Starbucks seria lo mas correcto no tenia clases así que eso haría, tomar un Mocha Capuchino con leche descremada y unas tostadas con queso seria el desayuno perfecto. Camine hasta la salida de la universidad pero en el camino me choque contra una chica, por ende alce una ceja por que no la había visto, al parecer la había pisado, me detuve cuando esta insulto, vale iba a detenerme de todas formas para pedirle perdón, pero esos insultos no eran necesarios. Retrocedí, sacándome los lentes de sol oscuro e dejarlos colgados en el escote de mi camisa. Me agache a su altura para que mis claros ojos se clavaran en los de ella. Era como si una honda expansiva me hubiera pegado una cachetada en toda la cara; había visto muchas chicas hermosas en la universidad pero no una como ella, era hermosa por donde le mirase. Trague saliva para reaccionar rápido.-Lo siento, estaba pensando en muchas cosas, lamento haberte hecho daño.-comente educadamente, quedándome en silencio mientras no dejaba de verla, me levante de donde estaba, la gente pasaba a mi alrededor, por ende con la mirada les decía "hola" todos sabían como era, siempre era así de ácido pero no era mala persona, solo tenia un genio especial.-Ah voy a una cafetería, te invito algo caliente o frio para tomar como muestra de mi disculpa y estupidez al no verte, en verdad lo siento.-deje en claro con la sinceridad de mis ojos que estaba arrepentido, saque las llaves de mi auto, apuntando a unos metros tras escucharse el sonido de la alarma y como se encendía solo, eran muy caros esos autos pero mi abuela tenia la manía de hacer regalos caros. Alce la mirada para después verla, su pie estaba vendado se notaba que eso dolía bastante y yo como buen idiota la había pisado, pero entonces note quizás al ser yo tan detallista la moldura de sus pies, la forma en que una herida o accidente así puede causarse, como si fuera una serie de CSI mi mente empezó a formular hipótesis que en segundos salio de mis labios como el susurro de un demonio.-Eres bailarina de danza.-murmure alzando la mirada tras agacharme a verla.-Elongaste mal o un esfuerzo físico causo que tus músculos no resistieran y la punta del pie llegara al piso haciéndote esa herida..¿no?.-salí de mi lado nerd por así llamarlo, o analítico para verla.-La forma de tus pies..da a entender que haces danza.-trague saliva.-Amm..tal vez deba irme.-me levante, siempre que decía cosas así la gente me miraba extraño, camine unos pasos hacia atrás para girarme.-


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Re: {·Phillip M. Hilton} Sedientos de veneno y sangre.

Mensaje por Ariadna H. O'Vullöus el Lun Jul 29, 2013 8:18 am


Sentía como el corazón lo tenía en la uña partida hacía una media hora, me latía el dedo como si quisiera salirse de la zapatilla ya que la sangre se había concentrado allí por lo visto para causarme un ¿moretón? Lo que faltaba. Entorné los ojos a la vez que sacaba mi zapato con sumo cuidado para ver que no hubiera ningún rastro de sangre sobre el calcetín, mientras escuchaba a mis espaldas una voz grave chapurreando palabras que mi oído no podía escuchar con claridad, pero sí sabía que se estaba dirigiendo a mí. Coloqué mi zapato con algo de soberbia, plantando la planta del pié contra la madera hueca para girarme con aire desafiante cuando sentí al chico agacharse a mi altura….iba a soltar una retaina de palabrotas hacia esa persona, pero cuando vi ese rostro y esa figura… una mezcla de nervios y vergüenza me inundó el cuerpo. Era Phillip. Me di con la palma de una de mis manos la frente, diciéndome mentalmente lo idiota que era por no haberlo reconocido, dejando después ambas manos sobre mis mejillas mirando cómo se giraba y pretendía largarse. – Oye. –Hice el intento de llamar su atención, pero al ver que seguía caminando algo más rápido bufé y a la pata coja corrí pegando pequeños saltos hasta alcanzarle, tomándole de un brazo porque casi me caí cuando llegué a su altura. Una vez que lo tuve entre mis redes apoyé el pie enfermo en el suelo, acariciando con las yemas de mis dedos su antebrazo. –  Es verdad eso que dicen… que los chicos grandes sois torpes de nacimiento… -Dije en un tono suave, nada comparado a conforme le di las primeras palabras de conforme me había pisado. El tacto de mi mano parecía que tuviese un imán con su piel, ya que no podía despegar de ahí los dedos. La otra mano, a su vez, se escabulló entre su enorme mano, tomándola como una niña pequeña que necesitaba la protección de su hermano mayor.  Besé su bíceps y deje apoyado ahí mi mentón, alzando la vista para verlo mientras sentía como en mi espalda, costados, cabeza, piernas… se clavaban miradas que parecían que quisieran perforarnos con ella, malditos cotillas que seguro que esperaban saber qué pasaba ahí. Giré mi cuello, entonces, y observé a un grupillo de niñas mirando y señalando a Phil de una manera que no entendía, arrugué el ceño levemente frenando mis caricias para dejar esa mano frenada en su antebrazo, mientras en mi rostro se marcaba una sonrisa sádica dedicada a esas estudiantes de primer curso. - ¿Queréis una foto firmada? –Dije alzando la voz, señalándolas con la mirada, con aquella sonrisa aun en mi rostro. – ¿Un pin con su cara? – Parpadeé varias veces a sabiendas de que verían mis pestañas moverse de arriba abajo con el desaire.

No tardaron tras aquello demasiado en dejar de estorbarme con sus miradas, pues no sólo se dieron por aludidas aquellas chicas, sino que se ve que se dio más gente por aludidos y siguieron con su camino…ahora ya era más cómodo, ya me sentía como una persona más del campus. Miré a Phillip y deslicé mi dedo índice por el hueso de su nariz, recorriéndolo de arriba hasta la punta, pasándolo por sus labios. – No sabía que eras tú el que me había pisado sino…no te habría hablado así, perdón. –Dije cortésmente. –Pero sí que quiero tomar algo. –Aún se escuchaba una soberbia profunda que no me agradaba demasiado en mi tono de voz, así, carraspeé y le miré de nuevo. –Si quieres claro…sino, siempre podemos hacer como que no nos hemos visto y danzar cada uno por su camino… -Rulé los ojos separándome de él y quedando a un metro y algo de él.

La gente pasaba por mi espalda con prisas, algunos iban hacia las escaleras, otros se metían por el pasillo que tenía a mi derecha, otros iban hacia sus habitaciones, un completo caos aquello… a lo que me quedé pensando en el qué haría él en esa fraternidad, pues era el líder de SAE. -¿Qué haces tú aq… -Entonces, después de empezar a formular la pregunta recordé lo que me comentó de que Kinder era su amiga, al igual, y negué con la cabeza. –Deberías de estar en clases… seguro que llegas tarde, luego nos vemos. –Dije sin más y retomé mi camino hacia las escaleras, bajándolas con cuidado, intentando apoyar la parte delantera del pie lo menos posible, a lo que iba esquivando a personas, soltaba algún que otro cacareo cual gallina en un patio con muchos pollos. Me agobiaba esa fraternidad, siempre estaba plagada  de gente atolondrada y desordenada que iba de lado a lado sin cuidado, gente amante del arte, sí, pero también del desorden. Y pensar que alguna vez había pensado en entrar en esa fraternidad para tener más afinidad con aquellos que estudiaban arte…pero neh, las fraternidades no estaban hechas para mí, pues no iba a estar detrás de un líder y hundiendo mi ego cada vez que hablara el mismo, no. Tomé, entonces, el portalón de la salida de Gamma y salí, arrugando mi ceño instantáneamente conforme el sol pegó en mi rostro.




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Re: {·Phillip M. Hilton} Sedientos de veneno y sangre.

Mensaje por Phillip M. Hilton el Miér Jul 31, 2013 2:06 pm

Mis ojos miraron a la rubia la cual atrape en mis brazos cuando me abrazo, era tan cálida, sin duda era hermosa, no la había reconocido estaba tan sumido en mis pensamientos que no me percate de que era Ariadna. Sin duda era ella la chica mas hermosa de la universidad, me reí un momento al ver claros sus celos al estar las chicas de Gamma Phi observándome, seguro querían salir conmigo, no seria algo anormal, sinceramente ellas venían pisándome los talones desde hace unos cuantos meses, pero al parecer le tenían mas miedo a Aria que a su propia líder cuando andaba de malas. Mis manos acariciaron su rubia cabellera, hasta el punto donde se alejo de mi para hablarme, cuando termino de hablar se marcho. Me quede en esos momentos en una especie de transe pero corrí detrás de ella para abrazarla por la cintura ni bien cruzo el gran porto y apegarla a mi cuerpo, sintiendo su espalda en mi pecho, de una forma en que parecía que el tiempo se fue congelando, sus cabellos que movieron de un lado a otro por la atracción; y cuando me quise dar cuenta mis brazos la mantenían prisionera a mi, tenia su rostro a una corta distancia, tan cerca que mis mejillas se tornaron algo sonrosadas; mordí mi labio inferior quedándome en silencio por un corto plazo.-No te vayas, por favor.-murmure cálidamente juntando mi frente con la suya.-

-Eh estado tan sumido en mis pensamientos que no me di cuenta que eras tu, podemos irnos a donde quieras, a tomar algo o a mi habitación pues con ese pie dudo que caminar sea lo mejor para ti. Déjame cargarte.-comente para separarme un poco cargándola en mis brazos, sonreí de lado llevándola como si nada hasta la fraternidad SAE la cual se veía mas esbelta con el pasar de los días gracias a las reformaciones que se me habían permitido hacer. Cuando entre salude a unos compañeros para subir a la planta de arriba con Aria en mis brazos, cuando fui a la torre norte entre a mi habitación con un pequeño empuje a la puerta, muchos decían que mi habitación era la mas hermosa, era muy moderna pero sin perder los toques clásicos de la vieja estructura. Deje a la rubia sentada en el sillón, para acomodarme la ropa.-Voy por los cafés, espérame.-comente guiñándole un ojos, salí de la habitaciones cerrándose la puerta detrás de mi, camine lentamente hasta la parte este de la fraternidad, teníamos cafetería propia, si eso era un pequeño regalo para mis integrantes, teníamos un starbucks, con el permiso del director lo que se gaste en ella irían para fondos en la universidad, total lo único que le importaba al imbécil ese era el dinero. Demasiado joven para el puesto que lleva y claramente demasiado débil e vulnerable, era el novio de una de mis compañeras y claro candidata a ex líder; cuando llegue a la cafetería pedí amablemente a las jovencitas que atendían los cafés para llevar. Era claro que mi sonrisa era un deleite para quien me mirase pero mi mente estaba puesta en Aria.-Gracias.-anuncie tras recibir los cafés en mis manos.-

Regrese a mi habitación, subiendo las escaleras para entrar luego a mi cuarto no sin antes escuchar a la tercer puerta antes de entrar a mi habitación a la parejilla que estaba por romper la pared con tanto ajetreo de cama. Me reí de lado para llegar a mi habitación, cuando entre deje los cafés listos sobre la mesa; mire a mi compañera, tome dos controles de la mesa donde estaban las bebidas, uno de ellos abrió las cortinas para que entrase luz, la otra prendió la televisión estando en mute en el canal deportivo y la radio empezó a sonar calmadamente. Deje mi bolso en el perchero, junto con la campera que traía puesta. Cuando me senté en el sofá, sonó el teléfono el cual tome sin mucho apuros.-Hilton.-musite pues así era mi apellido, escuche lo que la secretaria tenia para decirme respecto a que mi profesora de canto no vendría hoy por ende tenia el día libre, escuche atento sus palabras.-Gracias Melinda, eres un amor. Escúchame por favor, acabo de venir de Gamma Phi, Ariadna O'Vullöus, tuvo un pequeño accidente en el pie, no podrá asistir a clases, esta conmigo, claro..podrías darle el presente..se que te pone en riesgo linda..pero hazlo por mi...¿puedes?, eres genial..gracias..claro cuídate y gracias en verdad.-murmure cortando el teléfono, la cara de Aria podría significar dos cosas detestaba que hable así con las chicas o le dolía el pie.-En todas tus clases estarás como presente, así que nadie te castigara por que pases la tarde aquí o en otro lado. Bebe tu café, me alegra verte, siempre ando buscándote pero nunca te encuentro, juraría que escapas de mi.-me reí divertido dándole un sorbo a mi café.-Con lo que yo te añoro.-me sonreí dulce, para verla a esos hermosos ojos, me gusta Aria por que mentira, me gustaba mucho mas que una simple atracción física.-


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Re: {·Phillip M. Hilton} Sedientos de veneno y sangre.

Mensaje por Ariadna H. O'Vullöus el Sáb Ago 10, 2013 6:48 am

Era tan cercano, tan familiar, tan cariñoso que me hacía sentirme como nunca me había sentido antes. Era ese tipo de personas de las que parece que les da igual si no reciben el mismo trato por  tu parte, que él iba a estar siempre tendido para ti siempre que lo necesitaras. Me hacía sonreír, reír, sentir mariposas que no pensé que volvería a sentir y eso… tan sólo en unos días, pero ¿qué era eso? ¿un encaprichamiento o es que de verdad el sería lo que la vida me había hecho encontrar? Era mucho mejor que cualquier pareja que había tenido antes, pero me daba miedo el conocerlo más, me daba miedo saber si tendría algo que no me gustara, algo que nos hiciera chocar mucho y que todo se volviera gris… y una completa pesadilla como con el último… Pero es que me había pasado tantas veces ese tipo de flechazos, tan parecido, que no sabía si sería que el cupido lo hacía por fastidiarme o simplemente para castigarme por haber jugado yo con tantos. Tal vez ese era mi destino… vagar por el mundo encontrándome con hombres magníficos, de los cuales, ninguno fuera para mí y que la que sufriera esa vez fuera yo, pero resbalón tras resbalón terminaría comprendiendo que yo no era de esas mujeres que necesitan a alguien para poder sobrevivir… tal vez fuera eso… sí, debía ser eso.  “Tampoco hay nada definitivo Ariadna, ni nada que dure eternamente” Repetí en mi mente esas palabras que años atrás había escuchado de una mujer, que suponía que las empleó a modo de consuelo tras uno de esos resbalones.

No sabía ni  por qué cada paso que daba me recordaba a algo del pasado, algo que ya había hecho, era agotador tener en la cabeza siempre las mismas cosas y que solo relucieran en la misma cuando el miedo o el temor a que no fuera lo que pensaba aparecía. Pero un cálido abrazo, seguido de unas palabras salidas de una garganta grave y ronca me hicieron olvidar al instante en lo que estaba sumida. Phillip… siquiera me dio tiempo a responderle, no me dejó hablar en todo el camino, pues me llevó hasta su glamurosa habitación y me dejó sentada como si fuese una niña pequeña en el sillón más cómodo de la habitación… y yo que me había precipitado a irme, sin saber que él quería estar conmigo… tonta. Se largó entonces, al poco de dejarme sentada en ese sillón, pero no escuché dónde, lo que sí sabía era que volvería tarde o temprano volvería. Así que me acomodé en el sillón, apoyando toda mi espalda en el mismo y dejando mi cabeza apoyada en la parte de atrás, a la vez que movía los dedos del pie accidentado por el miedo que tenía a que se me engarrotaran… tenía muchas paranoias y miedos a tener lesiones graves, por lo que era una paranoica en ese aspecto. Entorné los ojos tras un rato estar mirando los recovecos de la habitación, a lo que entró él y empezó a arreglarlo todo poniendo las cosas a su gusto y después empezó a hablar por teléfono con, no sabía quién… hasta que empecé a escuchar lo que decía, lo que me hizo esbozar una sonrisa idiota, mordiendo mi labio inferior de la misma ternura que me provocó aquello. Colgó y todavía no podía hablar, porque me había quedado tan embobada y sumida en ternura que no sabía siquiera que decirle. Había hecho aquello, que era arriesgado puesto que el “no” lo llevaba y se exponía a tener que ver a Vlad si esa mujer se chivaba, aunque por lo visto la conocía porque notaba cierta complicidad, almenos de Phillip a la tal Melinda. – Veo que no es el primer favor que le pides. –Dije tras aquello, con un tono celoso que no sabía por qué salió de esa manera. Tapé con dos dedos mis labios, expresando con mi gesto que no quería decirlo de esa manera. Tomé el café estirándome un poco y le puse la pajita, absorbiendo un sorbo sin más. – Podría decir lo mismo, tu tampoco es que te dejes ver mucho por la universidad. –Dejé el café de nuevo en la mesa de enfrente y me levanté caminando la pequeña distancia que había de donde estaba hasta su sofá, dejándome caer a su lado con una pierna flexionada, escondida bajo mis glúteos. Tomé su rostro tiernamente haciéndola girar un poco para dejar un beso fugaz en sus labios, y después dejar mi cabeza apoyada en su hombro. –Te olvidas de mí, sabiendo donde está mi casa y yo siempre que he venido aquí no has estado. –Repliqué entrecerrando los ojos mientras miraba mi pie. -Me dejas abandonada. –Hice un puchero mirándole, cubriendo el labio superior con el inferior, y parpadeando muchas veces, haciéndole ojitos. –Ahora me tienes que dar todo lo que estos días no he tenido… -Susurré, esbozando una sonrisa amplia.- … que yo vivo de mimos. –Besé su brazo varias y seguidas veces, levantándolo para dejarlo a un lado y que no me estorbara para estar más cerca de él.





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Re: {·Phillip M. Hilton} Sedientos de veneno y sangre.

Mensaje por Phillip M. Hilton el Lun Ago 19, 2013 9:16 pm

Ariadna, ella era la mujer mas hermosa de toda esta universidad, todos los chicos le andaban detrás pero ella sabia como decir no, con clase. Estaba mas que enterado que sus relaciones amorosas no fueron mas las perfectas, a veces dios nos daba una hermosa cara pero en cuanto al amor nos castigaba de forma dura. En este caso mi ideal es que ella no sufriera por amor, enamorarla de mi y hacerla feliz en todo lo que pudiera y me fuera posible. La escuche hablar cuando menciono a la secretaria del director, sin duda aquel tono de celos se dejo ver a la vista, lo cierto era que mi sonrisa lo conseguía todo a donde fuera.-Nunca paso nada con Matilda, ni siquiera un beso.-deje en claro, sin despegar mis orbes de los de ella, siguiéndola en cada paso que daba, estaba claro que me tenia loco donde ella quisiera. Se levanto por ende la mire, aquellas piernas que me alteraban hormonalmente estaban delante de mi, lo cierto es que éramos un algo que tenia una fuerte atracción física y eso se dejaba ver muchas veces. Cuando se sentó a mi lado le hice espacio para que estuviera mas cómoda, mirándola y sintiendo sus manos en mi rostro, para corresponder al beso que se me fue otorgado de la manera mas tierna que me fuera posible corresponderlo.-

Entonces se alejo un poco de mi para hablarme, besándole el brazo varias veces hasta que lo alejo de mi, pegándola a mi cuerpo.-Lamento haberme ido, estoy sumido en estudios y claramente la fraternidad. Sin duda ha sido unos días donde parecía que no me encontraba a mi mismo, deseaba verte, deseaba abrazarte pero mis tareas no me dejaban; aunque ahora que estoy libre de mis tormentos aquí me tienes, solo para ti.-comente sin mas, acercándome despacio a ella y darle un cálido beso en los labios, acariciando su muslo y terminar de subirla sobre mi regazo, separando de vez en vez mis labios de los de ella, otorgándole sonrisas y caricias tiernas de vez en vez sobre su mejilla lo que dejaba ver en claro que la trataba como una doncella, mimándola y claramente malcriándola, era mi princesa aunque no le había pedido de ser algo mas por que lo veía muy pronto, ella para mi era mi todo.-Iré a tu casa hoy mismo si eso deseas, podemos cocinar algo para cenar, me quedare contigo para cuidarte ese pie y de paso mañana venimos juntos a la universidad.-murmure tiernamente sobre sus labios, rozando mi nariz con la suya.-

Tome mi café para darle un sorbo lentamente, mirando como afuera el sol se empezaba a alejar, últimamente el clima era un asco, siempre que salía un sol precioso al poco rato caía una lluvia horrible. Empezó entonces a mancharse los cristales de la ventana de mi habitación de gotas de agua que rápidamente fueron constantes, tome el control del aire a mi costado derecho para prenderlo, así rápidamente el ambiente se volvería cálido y no tendríamos que tener frio ninguno de los dos. Nuevamente cuando deje el control y el café sobre la mesa, mi mirada se topo con la de la rubia; reí cual tonto enamorado. Tenia a la mujer que todos deseaban sobre mis piernas, estaba claro que estaba feliz por ello, esperaba de todo corazón que esto durara mucho tiempo por que no soportaría estar alejado de ella.-Te Quiero.-deje salir de mis labios, acercando mi boca a la suya dándole primero un beso cariñoso, me separe sin dejar de verla y me acerque de nuevo empezando un beso que lentamente empezaba a subir de tono, yendo a un nivel mas apasionado pero sin romper la delgada línea de lo pasional. Mi mano izquierda se metió entre las piernas de Aria para quedar a una cercanía de su entrepierna pero sin llegar a esa zona, quería ver hasta donde su compañera era capas de llegar.-


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Re: {·Phillip M. Hilton} Sedientos de veneno y sangre.

Mensaje por Ariadna H. O'Vullöus el Miér Ago 28, 2013 3:02 am

Era demasiado raro el tener algo con un chico y que no fuera complicado o que alguien estuviera por medio o que mi pasado pisara fuerte sobre los sentimientos de la otra persona, y eso, a veces me daba miedo… mucho miedo; jamás había tenido suerte en escoger a las personas y ver que Phillip era verdaderamente un encanto como todos resultaron ser al principio era encantador, me gustaba, pero a la vez me daba miedo que con el paso del tiempo comenzara a tratarme de la manera que la mayoría me habían tratado. Yo tampoco he sido jamás casta y libre de pecado a la hora de manejar y tratar a un hombre, pero sí era cierto, que cuando me he encaprichado o realmente me ha gustado alguien lo he dado todo por esa persona, por que estuviera bien y que disfrutara del tiempo conmigo, intentando que la mayor parte de ese tiempo fueran puras sonrisas creadas por mí y que, lo que de normal se autodenominaba “pareja”, fuera lo que tuviera el papel en esos minutos u horas. Pero a pesar de todo, nadie es perfecto y había pecado demasiado en mi pasado como para recibir ahora un buen aliado con el que estar, así que…poco a poco cada vez que conocía a algún chico nuevo fui asimilando que tras los primeros encuentros, las primeras reacciones, todo terminaría acabándose tal cual empezó. Y eso era lo que más miedo me daba con Phillip… porque realmente era de esas personas que no parecen tener un lado malo, que parece que siempre sea todo buen rollo; me daba miedo conocer su lado malo, que al final terminara siendo un encaprichamiendo más del que salir mal, que volviera a sufrir como una adolescente por alguien que una vez pensé que merecería la pena y que al final no resultó ser así. Miedo… nada más que eso… miedo.

-Me encantaría que fuera así, de veras. Pero te tocará conducir a ti. –Dije saliendo de mis pensamientos conforme pude reaccionar al notar cómo me sentaba sobre sus piernas. A lo mejor era yo la que se dejaba ir demasiado rápido, alomejor era mi fallo el dejarme llevar por mis emociones y lo que quería hacer en los momentos que sucedían esas cosas, pero así soy, así he crecido y mi personalidad no puede cambiar; defecto o no, me dejé llevar por ese beso apasionado el cual noté que iba subiendo de tono conforme Phillip se emocionaba más con él, dejándome ser llevada por él. Y, entonces, sentí la yema de sus dedos cerca de mi intimidad y le miré entreabriendo mis ojos y separando mis labios de los suyos, pudiendo escuchar el sonido de nuestros labios separarse. Me lo quedé mirando varios segundos, deslizando una de mis manos por su mandíbula, acariciando con el pulgar su mejilla; estudiando la situación mentalmente… queriendo que alguien me dijera si ser fácil o difícil con él, si dejarme llevar por lo que quería en ese momento o por lo que realmente otras chicas harían a la hora de conquistar a alguien… pero, pensándolo bien, él era quién estaba tomando las cuerdas de conquistarme a mí… así que… -¿Estás seguro? –Susurré mirándole a los ojos.- No quiero que por esto se joda lo que hemos progresado. No quiero perder a alguien como tú Phillip… y sonaré ridícula pero me estoy ilusionando contigo y veo que todo está yendo demasiado perfecto como para creerlo. –Tragué saliva sacando a flote aquello que hacía un rato estaba pensando.- Si esto va a joderlo todo… prefiero esperar. –Susurré por lo bajo, sin dejar de mirar esos ojos. – Y no es que no quiera, de verdad, sólo… que no quiero que por una tontería todo se vaya a la mierda. No quiero recordarte como el que “casi fue algo”, prefiero… -Suspiré al ver que alomejor me estaba sincerando demasiado y que alomejor aquello podría luego venirse en mi contra, pero ya daba igual. -… recordarte como un “algo”, algo que fue bonito… -Susurré ya casi dando por hecho que no duraríamos demasiado si terminábamos como pareja. -… pero si estás seguro de que esto no influirá, por mí, adelante.




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Ariadna H. O'Vullöus

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