NEW YORK CITY
2013
Dicen que a los trece años es una época donde los niños dejan de ser niños y pasan a ser adolescentes. Se revelan contra el mundo, les salen espinillas, empiezan a interesarse en el amor, en el sexo, a las chicas les viene la menstruación etc. Vamos, una época en que estos pequeños humanos están en pleno crecimiento y comienzan a aprender las verdaderas lecciones de la vida. Dura exactamente cinco años, hasta los dieciocho años, cuando supuestamente pasar a ser adultos.

Ahora mismo si estas planteándote en inscribirte en esta prestigiosa universidad es por que has pasado esta etapa, pero bueno, ¡eso cosa del pasado! Olvídalo, pon eso en un rincón de tu memoria.

Ahora estás viviendo el año 2013 en la Universidad de Brown, situada cerca del corazón de Nueva York.

¿Estás aquí por elección propia, por el sueño de convertirte en alguien famoso en la vida? ¿Por qué tus padres tienen una cuenta bancaria muy grande? ¿O tal vez por obligación?

Sea la razón que sea el resultado es el mismo, estas en una de las mejores universidades de América, pero aquí no te daremos 'la comida masticada' lo cual si de verdad deseas llegar a ser alguien en la vida tendrás que currártelo, aquí no regalamos nada.

¡Casi lo olvido! Tal vez exijamos mucho, pero tampoco descartes la idea de tener un poco de diversión. Fiesta, alcohol, sexo, drogas.

En resumen, el libertinaje total.

Para Algunos, la diversión significa dormir en tantas camas como sea posible, para otros, las compras y manicura son las cosas más importantes en su vida y siempre habrá los -por su padres- tienen dinero y reputación.

Pero dejando todo eso atrás, en la oscuridad de Brown se esconden varias personas que pertenecen a una especie de secta, un grupo donde su intenciones no son exactamente buenas. Se hacen reconocer por 'la logia', una panda de personas donde jugarán con cualquier persona que les apetezca. Les gusta ver sufrir a los demás, viven a costa de ellos. ¿Que pasa? ¿A caso tienes miedo de ser su próximo elegido? Tranquilo, como en los cómics y películas de Stan Lee donde hay un villano, hay un super héroe, e aquí nuestros super héroes se hace llamar anti logia, un grupo donde quieren la paz en la universidad y acabar con toda esa crueldad.

Y dime, ¿quien eres tu? ¿Eres un becado? ¿Un estudiante normal? ¿O tal vez te guste la idea de pertenecer a la logia? Otra posibilidad es que quieras cumplir el sueño de todo niño, ser un super héroe y pasar a ser miembro de la anti logia pero...

Seas lo que seas, se bienvenido a Brown University.
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Breakfast at Tiffany's #Mr. ColdKing

Mensaje por Kathryn J. ColdKing el Mar Feb 12, 2013 11:28 am

La ciudad de New York era un espléndido lugar para vivir, con sus altos edificios, largas avenidas y todo ese glamour que la rodeaba. Era el lugar perfecto para Kathryn, un lugar donde no podía vivir sola aunque ese hubiese sido su plan antes de que su hermano decidiera acompañarla. Desde octubre tuvo que haber vuelto al departamento de Finn, sin embargo ese día de febrero fue la mañana en la que sus cosas volvieron a estar de vuelta en su habitación inicial. Se tomó muchas semanas de espera, muchas semanas sin ver a Finn con la vaga esperanza de que él fuese quien la buscara para entregarle lo que le pertenecía por derecho, pero no era así, y sabía que podía estarse esperando toda la vida y él nunca le devolvería las llaves de su auto. Así que era hora de volver al juego, la segunda partida, ¿o era la tercera? Si, la tercera porque la primera la gano ella, la segunda él y esta no planeaba perderla, de ninguna manera. No se fue del departamento sin antes dejarle una nota sobre la almohada de su cama, él casualmente no se encontraba cuando ella fue a dejar sus cosas. No escribió nada que él no pudiese tomar como una sutil indirecta. Breakfast at Tiffany's. Únicas tres palabras escritas por la castaña. Era demasiado temprano, incluso las luces de los faroles aún estaban encendidas y el sol no terminaba de hacer su aparición en el cielo, ella podía apreciar cada detalle mirando desde la ventanilla de un taxi neoyorkino, de esos amarillos que divisas en cualquier calle de esa ciudad. El taxi se detuvo cuando Kathryn se lo ordeno, pagó con un billete y no espero el cambio, se bajó en seguida del vehículo. Sus zapatos de tacón resonaron en la acera, cuando ella dio unos cuantos pasos para acercarse al mejor lugar de la ciudad, al menos para ella. Siempre se vestía igual para ir a aquel sitio. Un vestido de satín negro, largo, con poco escote, sin mangas, por ello sus huesudos hombros quedaban al descubierto mientras que sus brazos eran cubiertos por unos guantes negros del mismo color que todo su atuendo. Unas perlas blancas adornaban su cuello, mientras que su cabello estaba recogido y sus ojos ocultos tras unas gafas de sol oscuras. Siguió su camino, por la acera donde no pasaba nadie más que ella porque aún era demasiado temprano. Se detuvo cuando tuvo en la mira la ventana de aquel lugar. Lo que había en los estantes la deslumbraba por completo, mucho más que el sol en pleno medio día, y definitivamente lo que miraba tenía mucho más valor que cualquier cosa que ella pudiese desear. Entre sus manos llevaba su abrigo de color blanco y una bolsa de papel, los cuales apretó ligeramente, por culpa del ansia de poseer una joya de esa magnitud. De la bolsa de pale saco un vaso de yogurt, de esos pequeños y dietéticos que las estudiantes del instituto iban a comer a las escalinatas del Met antes de las clases. Tomo la cuchara de plástico trasparente entre sus dedos y comenzó a comerlo sin quitar la vista del aparador. Justo cuando se iba a trasladar a otra de las ventanas, pudo ver el auto, su auto, estacionarse justo donde el taxi la había dejado anteriormente. Y todo gracias al reflejo del cristal frente a ella. Sonrío de medio, sin malicia alguna, sólo complacida porque su hermano hubiese entendido la nota. Volvió a comer una cucharada del yogurt en lo que esperaba que él fuese hasta ella.

-¿Conoces esos días en los que se ve todo de color rojos? -le pregunto cuando el reflejo de la ventana situó a Finn a su espalda. Observo la expresión en el rostro del castaño y prosiguió sin esperar que le respondiera. -Si rojo. Porque un día negro se tiene cuando engordas, cuando llueve demasiado, se está triste y nada más. Pero los días rojos son terribles. De repente se tiene miedo y no se sabe por qué. Claro que yo nunca he tenido de esos días, no soy como Holly Golightly, si fuera como ella me hubiera cambiado el nombre cuando me mude aquí -río para sí misma. Conociendo a su hermano, ni siquiera tendría idea de lo que le estaba hablando. Pues estaba segura que dentro de los conocimientos generales de Finnick no estaban las películas tan antiguas.-Pero si tenemos en común muchas cosas, por ejemplo que amamos este lugar -le confeso antes de rebuscar en la bolsa de pale y saco una servilleta con la que limpio el borde bajo la ventana, donde bien podían sentarse dos personas. -Yo vengo aquí para pensar, y para conseguir regalos como este -extendió su mano derecha, y sobre el guante podía verse un brazalete de oro con diamantes incrustados. -Ciento treintiocho mil dólares fue lo que le costó, y aun así no le volveré a ver. Supongo que debí de ser más agradecida ya que no me cobraba la renta y aparte me compro esto el día de navidad-la mirada de Kathryn estaba agachada, no por pena, sino porque nunca se cansaría de contemplar aquel regalo. Un viejo que le decía que le recordaba a su hija muerta y que decidio ser generoso con ella, aunque eso Finn no tenía por qué saberlo. -Un día estuve a punto de decirle que nos fuéramos a casar a las vegas, pero hubiese sido un error, ya que estoy segura que lo que le gustaba de mi era mi pureza -suspiro como si estuviese embelesada por los recuerdos. -Pero que bueno que no lo hice, sabes que en su testamento decía que le dejaría todo a su familia. Por eso no me afecto mucho su… repentina muerte -dijo con toda la naturalidad del mundo, como si en lugar de que aquel hombre se hubiese muerto hubiera salido de viaje. Daba igual, las personas morían todos los días y no por eso su mundo era diferente. Palmeo el lugar que quedaba a su lado, esperando que él se sentara ahí. -Mira, te he comprado un yogurt, no tienes por qué darme las gracias, hermanito -le extendió el envase para que lo tomará, después cruzo pie derecho sobre el izquierdo y así sus piernas quedaron recogidas hacía una lado. Vio una película donde decían: Las princesas no cruzan las piernas, las dejan ligeramente extendidas hacía un solo lado. Imaginaba que las damas de sociedad tampoco las cruzaban. -Dejemos de hablar de mí. de eso ya tendremos tiempo -discretamente dio una palmadita a su vientre, ligeramente abultado a diferencia de la última vez que vio a su hermano. -Hablemos de ti, oh no, mejor hablemos de mi auto, parece que lo has cuidado muy bien, y creo que ya es tiempo de que me regreses mis llaves, ya te lo he prestado mucho tiempo, hermanito, no abuses de mi generosidad. -de mirarlo como si lo hubiese echado de menos, paso a mirarlo con desdén, como siempre lo había hecho cuando ninguno sucumbia ante los encanto del otro.


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Kathryn J. ColdKing

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Re: Breakfast at Tiffany's #Mr. ColdKing

Mensaje por Finn T. ColdKing el Sáb Feb 16, 2013 7:16 pm


-
Quizá debería alejarme de ti. Misteriosamente todo lo que está cerca de ti muere- Si, estaba molesto. Sus palabras lo expresaban al igual que su actitud fría y cortante. Levantó la mirada hacía el farol de madrugada que apenas iluminaba la actual calle desierta de una de las calles más transitadas de New York. Todo estaba apagado, la ciudad apenas dormía mientras aquellos jóvenes se encontraban sentados en el borde de una de las ventanas de aquella joyería. El rocío matutino resbalaba sobre su chaqueta de piel negra, se quitó las gafas oscuras y las colgó sobre el cuello de su playera blanca. Había dormido poco, no pasó la noche en su departamento y al llegar ver una nota que solicitaba su presencia fue misteriosa, no tanto pues conocía la letra de la castaña tanto como la propia, sus palabras y lo que había estado haciendo era lo que realmente le enojaba. Su mirada regresó al brazalete que adornaba tal delgado brazo, rodó los ojos y levantó la mirada para apreciar y destruir aquella mirada ajena con una propia llena de ego y cinismo. -¿Y tú conoces la teoría de la vaca nueva?- Sonrió. En cierta ocasión mientras descansaba después de la universidad y cambiaba uno tras otro los canales de la televisión se encontró con el inicio de una película que definía aquella teoría; No vio la película, cuando la teoría fue explicaba siguió con su recorrido de canales, le aburrió y no le pareció importante. Cruzó sus brazos sobre su pecho, y su mirada se dirigió al vaso de yogurt que había dejado en su lado en el espacio que los separaba. Observó el envase, sus letras y su contenido en un afán de centrarse más en el yogurt que en las palabras que su hermana había dicho, sin embargo estas seguían taladrando su orgullo segundo a segundo. Finalmente decidió enfrentar al toro por los cuernos, él sabía que ella lo mencionaba para molestarlo y realmente había caído en su juego, sin embargo su más grande trofeo sería su más desdichada desgracia. Soltó el cruce de sus brazos y los dirigió a los bolsillos de su chamarra, introdujo su dedo en la argolla metálica del llavero del auto, cerró su puño y sacó las frías llaves de su cálido bolsillo, dobló los dedos su mano rodeando las llaves y estiró su brazo hacía la dirección de Kathryn. Entregándole las llaves. -Supuse que por el auto me has citado. Aquí lo tienes, te lo he traído hasta ti.- En sus labios colocó un cigarrillo que había sacado de su bolsillo mientras hablaba, tomó el encendedor plateado y en un sutil movimiento la tapa se levantó dejando que una fina llama azul de fuego encendiera el cigarrillo mentolado en sus labios. El humo cálido salió de su boca mientras guardaba el encendedor nuevamente en un bolso oculto en el interior de su chaqueta, llevó su mano libre hacía el vasito de yogurt el cual solamente lo arrimó para estar más cerca de él. -La otra ocasión me hiciste decir que no eras una cualquiera, y ahora me presumes un brazalete de ciento treintiocho mil dólares, un regalo de navidad con un hombre que le ibas a proponer matrimonio en las vegas - Sus palabras eran lentas, dichas con fuerza y una dureza en su voz que apenas era notable la ironía que él planteaba. Soltó el humo que había conservado en su garganta con cierto descaro hacía el rostro de la dueña de aquellos ojos tormentosamente azules. La brisa matutina desvió el humo antes que se impactara con su rostro.

-
Antes que preguntes, ¿Celos?...- Presionó su labio inferior con su dentadura perfecta de manera que en su barbilla se formaron unos leves pliegues. Ladeó el rostro de un lado a otro, movimientos lentos y no tan exagerados, dentro de su boca un sonido como si estuviera meditando en la posibilidad de que aquello fuera posible. -Si, lo estoy.- Sabía la respuesta desde que había planteado la pregunta. Su mirada se volvió profunda y fija a aquellos ojos que muy pronto lo mirarían con cinismo y superioridad. Arqueó una ceja, esperando ver como reaccionaba la castaña ante tal confesión. Como era de esperarse apartó la mirada superficialmente aburrido, miró hacia el cielo el cual pronto comenzaba a tornarse de un color azul claro, podía escuchar unos grillos a lo lejos anunciando la soledad y la llegada de la mañana. Sus ojos podían compararse con ese azul eléctrico del cielo en el invierno, y el frio podía comparase a la mirada que le dirigía a la ojiazul. -Tienes el auto, tienes la victoria. - Se inclinó hacia ella. - Es eso lo que querías, ¿no?- Se relamió sus labios que se habían secado por la brisa a pesar del rocío matutino que había. No estaba dándole la victoria, solamente estaba jugando con su egocentrismo, haciendo parecer el juego demasiado fácil de manera que se volviera aburrido. Ella lo estaba provocando, pues él podría atacar de otra forma. Se volvió a recostar sobre el asiento y dio una calada profunda a su cigarrillo, soltó el humo mientras sus labios se abrían para expulsar su aliento humeado. -Si es todo lo que querías decirme…- Se puso de pie, y se sacudió el pantalón de mezclilla dejándolo impecable como cuando había llegado. Su mirada se volvió a dirigir a la ojiazul sentada unos centímetros más baja que él. Ella era la que siempre amenazaba con retirase, ahora el ojiazul efectuaba aquella acción. Llevó una de sus manos hacía su cabello para acomodarlo y que de esta manera no cayera sobre su frente. Su mirada aún estaba fija a la de la castaña, tomó el yogurt con su mano y apagó el cigarrillo en el borde de la ventana. -Te veo en el departamento, si es que no te vas con otro.- Finalizó mirándola con cierto reproche por lo que había hecho.



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Finn T. ColdKing

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Re: Breakfast at Tiffany's #Mr. ColdKing

Mensaje por Kathryn J. ColdKing el Lun Feb 18, 2013 2:15 pm

De mala gana, la castaña guardo las llaves dentro del bolso que llevaba colgando en su hombro derecho, el cual casi no era visible puesto que se confundía con el vestido al ser del mismo color. Pensó que él opondría más resistencia, que le haría decirle una y mil cosas antes de entregarle las llaves. A la ojiazul le gustaban los retos y él no estaba suponiendo uno en ese momento, ni siquiera que le confesara que si estaba celoso fue suficiente para que ella sonriera del todo satisfecha. -No te has levantado con el pie derecho, Finn -comento de forma burlona, sin poner atención a su semblante serio y frío. Le gustaba pensar que era por celos y no tanto porque de verdad estuviese molesto con ella. No tenía razones para estarlo, ella si que las tenía. Haciendo un poco a un lado su orgullo, se levantó de donde estaba sentada, llevándose la basura del yogurt en la misma bolsa de donde lo había sacado, no quería dejar basura fuera de aquella tienda. Se aproximó hasta Finn, deteniendo su vago intento por marcharse al tomarlo del brazo. Ella ya bien sabía cómo era ese juego, porque muchas veces había usado aquella táctica con él. Ella intentaba irse, él la detenía y ella sabía de verdad quería seguir con la partida. Lo soltó una vez que estuvo segura de que no se alejaría. Se quitó los lentes oscuros, que llevaba únicamente para citar la película de forma correcta y no tanto porque estuviese haciendo sol. -Si te cite para que me devolvieras el auto, pero no nada más por eso, así que aún no te puedes ir, un desayuno no puede ser tan corto -repuso con firmeza, aunque ella ya hubiese terminado de desayunar su aperitivo, aún estaba comenzando a degustar el plato principal.

Camino unos cuantos pasos, los suficientes para situarse al lado derecho de su hermano, entrelazo su brazo con el del castaño, no tenía la intención de caminar, solamente estar parada frente a su lugar preferido en New York con la única persona que podía ser considerada por ella como alguien que merecía más de cinco minutos de su preciado tiempo. -Cuando te dije del brazalete pretendía que me dijeras que se me veía bien -ironizo, sin aceptar que si buscaba despertar un poco el monstruo de los celos en él. -¿Sabes que ahí dentro hay joyas mucho más cara que esta? No sé por qué lo pregunto, es obvio que debes de saberlo -puso los ojos en blanco, sin importarle si él la miraba o no, la mirada de la castaña seguía fija en el aparador, observando como centellaban los diamantes adheridos a plata u oro, era como hipnótico para ella. -Quisiera tenerlos todos -confeso cuando un brillo de malicia surcaba su fría mirada. -Te he dicho que considero el robo vulgar, pero tengo que admitir que a veces lo he pensado, tengo dinero para comprar lo que quiera, pero pagar en una caja no da la adrenalina que se experimenta cuando simplemente vas y tomas lo que quieres sin pagar ningun precio -sin darse cuenta murmuro eso último, como si las paredes pudiesen escucharla y delatarla. Solamente quería que esa pequeña confesión fuese escuchada por él y nadie más, no por miedo a ser apresada por sus bajos deseos, sino porque solamente quería compartir con él aquellos pensamientos. -Como la última vez que estuvimos juntos…-comenzó a decirle tranquilamente, pero al recordar aquella ocasión se mordió el labio inferior intentando desvanecer imágenes que no tenían nada que ver en su mente aquella madrugada. Le dio la espalda a la joyería, habían pasado el suficiente tiempo ahí, al estar del brazo e Finn, él también se vio obligado a girar, y esta vez su panorama era la calle del frente y en especial el auto que, quisiera o no, ambos compartían. -…esa vez yo pensé que ninguno de los dos pagaría ningun precio, que ambos ganaríamos. Supongo que me confié de más -agacho la cabeza y negó con la misma, como si de verdad fuese decepcionante para ella. Libero el brazo del ojiazul y camino hasta el Jaguar, apoyo sus manos en el borde de la puerta el copiloto, mientras con su mirada inspeccionaba el interior del auto, todo en orden. -Esa vez te llevaste mi ropa, mi auto y me dejaste a mi suerte en un lugar bastante desagradable sin pensar en qué era lo que podía pasar después -si antes había estado tranquila, ahora sonaba completamente molesta e indignada. Tuvo que habar en voz alta para que él la escuchara, pues le estaba dando la espalda y tenía la cabeza un poco agachada. No paso mucho antes de que se reincorporara y volviera la mirada a él. -No es lo único que quiero discutir contigo, y tampoco creo que sea lo último -su semblante no podía ser más serio y sombrío de lo que ya era. En su mente únicamente buscaba la mejor forma de decirle lo que por tanto días había planeado, pero no era tan fácil, no teniendo en cuenta la poca credibilidad que Finn tenía hacía ella.
Saco nuevamente la llave del auto, mientras caminaba hasta él, le dejo la lleve entre la diestra y sin decir nada, sin mirarlo con reproche volvió al auto y se sentó en el asiento del copiloto. -Demos un paseo, Tú conduces -era una orden disfrazada de petición al no sonar tan exigente. Ya estaba pensando en que él se negaría, estaba segura de que seguía molesto, así que antes de que él pudiera negarse o decir algo más, Kathryn se apresuró a decir: -Y mientras te contaré como alguien más me hizo esa misma noche lo que tú pero sin que yo quisiera, y como es que ahora vas a ser tío o padre -concluyo esperando a que él subiera al auto. -Si ese era tu plan, felicidades, lo conseguiste -agrego sin poder evitarlo, esta vez volviendo a su actitud fría.


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Kathryn J. ColdKing

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Re: Breakfast at Tiffany's #Mr. ColdKing

Mensaje por Finn T. ColdKing el Mar Feb 26, 2013 8:20 pm



Conocía perfectamente la psicología de Kathryn hasta esa mañana.

Su mirada sería y fija no estaba centrada en las joyas que adornaban los estantes de aquella joyería, estaba centrada en el reflejo que ambos ojizules producían en el cristal de la tienda. Veía a dos personas como cualquiera, no tenían rasgo alguno que los distinguiera de los demás, solamente su atractivo físicamente notable. Internamente a estas usuales personas habitaban dos almas podridas y condenadas la una con la otra; él un ser lleno de maldad y ella, una joven, un ser frio, calculador, sexy y malo. Sin embargo, a su lado no podía aparentar la molestia que sus celos le provocaban, una cólera incluso que no solamente quemaba en su interior si no que hacía que ese ardor fuera eterno, porque este fuego no destruía, no acababa con nada, se alimentaba de la calamidad del ser humano. No dijo nada ante las palabras que ella decía, lo único que su mente se permitía analizar era el reflejo que aquel cristal le brindaba, parados uno a un lado del otro, serenos y tranquilos aunque internamente no se sintiera así. Cada palabra expresada a través de los labios carmesí de la joven tenía un significado oculto y oscuro. El juego y la habilidad de la manipulación estaban en ella aunque lo negara o no intentara ejercerlo directamente. Comprendió sus palabras al instante y si algo aseguró para su subconsciente fue que no caería en la telaraña que la castaña estaba tejiendo, podría permitirse regalarle una joya con un valor doble o triple del precio de la baratija que adornaba su muñeca, sin embargo no caería, no esta vez. -
Obtener algo valioso sin pagar precio alguno es como un trofeo para el orgullo- Siseó más para sí mismo que para ella, su voz monótona y simple con los recuerdos nublando el reflejo del estante; así obtuvo el auto, un artículo de una asquerosamente elevada cantidad de dinero. No por robo, había usado la misma técnica que la castaña con mucha probabilidad había empleado para obtener el brazalete.

El placer de la derrota de aquel último encuentro no produjo el sentimiento que había pensado que despertaría al escuchar aquellas palabras. No quería reconocerlo, pero las palabras de la castaña estaban provocando justo el efecto que seguramente ella estaba buscando encontrar. Y lo había encontrado, confusión. Sus últimas palabras hicieron que aquellos endemoniados ojos azules ya no vieran a la persona que conocía perfectamente aquella que un poco de esfuerzo podía predecir su propio movimiento. Ahora, una figura completamente desconocida lo hiso apretar el puño donde su mano mantenía la llave, el metal con la figura convexa quedó impreso en la palma de su mano y sus pasos en contra de su lógica lo guiaron en dirección a la puerta del conductor del auto negro frente a él. Se sentó en el lugar indicado, la familiar comodidad del asiento y la acostumbrada forma de tomar el volante no lo lograron regresar a la realidad de la cual había desaparecido. El motor rugió con furia, como si la maquinaría pudiera expresar lo que su interior se negaba aceptar, no dijo nada y un arranque brusco el jaguar se puso en marcha hacía las calles aún desiertas de NY. -
Mientes…- Aquella frase era ya cotidiana en cada encuentro de los hermanos Coldking, Finnick aún se aferraba a la idea de que esta era sola una más de las blasfemias que la boca venenosa de la inglesa usaba. ¿Qué ganaba con esto? Culpa, desesperación. Y lo estaba logrando. Por primera vez, desde la noche tormentosa Finn realmente deseaba que su hermana hubiera tenido relaciones sexuales con otra persona. -Intentas confundirme, eso es claro. ¿Qué harás después? - Interrogó de la manera más fría que pudo imitar. Su mirada fija en el camino no alternaba en ningún momento hacía otra dirección, el acelerador era pisado hasta el fondo mientras ambos eran protagonistas de un sinfín de claxons de los primeros autos que comenzaban con su recorrido, todos en un intento de llamar la atención del auto negro que conducía a exceso de velocidad. -No, no era mi plan. Era simple, destruir tu orgullo.- Confesó cínicamente la verdad. Por un momento pensó que esta sería otra de sus victorias. ¿Por qué no la disfrutaba por igual? Su hermana embarazada le daba la victoria final, la sacaba del juego y el obtenía el merecido trofeo. No debía de importarle el padre, aunque fuera de su propia creación, él había ganado. Nunca le había importada persona alguna, no debía importarle un objeto que aún se formaba en el vientre de la castaña. Desvió la mirada del camino por unos instantes hacía el vientre de la castaña. Rechistó con los dientes y cambió la velocidad del auto a una mayor de la que ya iba, el acelerador volvió a ser pisado hasta el fondo cuando las imágenes de su estómago abultado regresaron a sus pensamientos. -Tu eres capaz de todo para no enfrentar tus miedos. Harías todo y cualquier cosa antes de enfrentar tu mayor miedo, engordar. Mucho menos por un bastardo- No le importaba que fuera su hijo, esa cosa en el estómago de la castaña la haría subir de peso y considerada la bulimia de la ojiazul no necesitaba palabras para que ella entendiera que se refería a abortar el feto en su vientre. No tenía ni la menor idea de a donde se dirigía, el auto doblaba en algunas esquinas y se pasaba por alto algunos semáforos. Inconscientemente estaba conduciendo a las afueras de la ciudad. -No me importa quien historia tienes por contarme. No quiero saber quién es el padre de algo que jamás verá la luz-


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Re: Breakfast at Tiffany's #Mr. ColdKing

Mensaje por Kathryn J. ColdKing el Jue Feb 28, 2013 7:26 pm

La desdicha es muy variada, la desgracia cunde multiforme en la tierra. Desplegada por el ancho horizonte, como el arcoíris, sus colores tan variados como los de este. New York no la era la excepción a esa cita, de uno de los poemas favoritos de la castaña. El rugir del motor no mitigaba sus pensamientos sombríos para reemplazarlos con miedo, al contrario, avivaba su sed de venganza en contra del castaño. La venganza, según Kathryn, es primaría, un tema universal y parte de toda buena historia. La historia de esos dos hermanos comenzó años tras, pero no por ello las reglas cambiaban. Si él le hacía algo que a ella no le gustara, por mínimo que fuera, de una manera u otra terminaría ingeniando algo lo suficientemente tortuoso para que la balanza estuviese más a su favor, como siempre. -Después de tu aparente victoria en el psiquiátrico, debe de ser muy difícil volver a rodearte, sumirte en el hedor de la ira que sientes ahora -sus palabras estaban fieramente cargadas de veneno, la mirada fría que dedicaba a su hermano no era diferente a las que muchas veces le había dedicado en el pasado. Porque no había dejado de estar cargada de superioridad. Lo aceptara o no, él le había creído lo que había dicho sin que ella hiciera el menor esfuerzo. ¿Su hermanito estaba perdiendo el toque acaso? Esperaba que no, porque ahora era ella quien aún no se cansaba de jugar, solamente que en lugar de jugar a su lado jugaría con él como se había propuesto desde el principio, y bueno, él no tenía por qué saberlo, sin embargo si se esforzaba no se tardaría tanto en describir las segundas intenciones de la ojiazul. El auto iba deprisa, tanto que su cabello, que había estado tan meticulosamente peinado, ahora comenzaba a despeinarse por culpa del afilado mañanero que le enfriaba las mejillas. El repentino arranque de ira de su hermano no daba para menos y tampoco la alarmaba pues ya sabía los límites del castaño. No se molestó en colocarse el cinturón de seguridad pues el ángel de la muerte aun no tendría el privilegio de darle su último beso, no esa mañana cuando ni siquiera había terminado el pequeño pero divertido juego. -Soy consciente de lo mucho que esto tiene que afectarte, debes de tener cuidado, sobre todo con ese corazoncito tuyo, Finn. No querrás perder por completo -le recordó la regla primordial de su juego, regla que, si no mal recordaba, él había expuesto. Pues bien, si perdía, y lo hacía contra ella, su derrota sería aún más miserable que colmaría de un ego más profundo e destructible a la ojiazul. Su arrogancia no le permitía dejar de pensar que a él solamente le faltaba pronunciar esas dos palabras, cinco letras y tres silabas para entregarle la victoria en bandeja de diamantes, que incluso brillarían más que todos los de Tiffany’s.

No iba a pedirle a Finnick que detuviera el auto, si esa era su forma de liberarse de la frustración y las dudas entonces lo dejarían actuar. Él adoptaba el papel del condenado, y ella el de su verdugo al concederle un último deseo antes de una ejecución que pronto tendría lugar. -La belleza no puede derivar en ningun tipo de fealdad. No me preocupa que esto…-al decir esa última palabra con dureza, se refería lo que jamás crecería en su vientre. -…estropee lo que he trabajado por tanto tiempo. En la ética el mal es considerado un bien, por ello asumo que sobrellevaré la situación de la mejor manera -su sonrisa ladina y descarada se reflejaba a la perfección en el espejo retrovisor frente a ella. Mientras que sus ojos miraban cada expresión del castaño por el mismo espejo. Tal y como un vampiro emocional, se alimentaba de las dudas y del enfado de su hermano. Independientemente de cómo haya conseguido enfadar a su hermano, con mentiras o sin ellas, lo cierto era que al absorber de forma positiva esos oscuros sentimientos, la estaba haciendo inmortal y él consiente o no, se debilitaba cada vez más. Al menos ella lo veía de esa forma y estaba un considerablemente segura de que no era errónea su visión de los hechos. Dejos sus manos posadas sobre su vientre, adoptando una postura calmada y tranquila, a pesar de que el corazón le latía a la misma velocidad a la que iba el auto por culpa de la adrenalina a la que no despreciaba en lo absoluto. Pudo sentir, incluso sobre el vestido, que esa almohadilla especial apenas inflada era su más grande aliada en esa partida. -Tú quería destruir mi orgullo y no te aseguraste de cumplir tu meta, ahora yo puedo presumir que lo estoy logrando con el tuyo lenta y dolorosamente gratificante, gratificante para mí -soltó una risa malévola que rompió con el ambiente de tensión para volverse perturbador. Si ella fuese otra persona le hubiese consternado estar actuando de esa forma, solamente por un momento de diversión, sin embargo de Kathryn se podía esperar lo que fuera. La belleza siempre viene con pensamientos oscuros. -No te contaré si así lo quieres, pero si me preguntas, yo creo que es tuyo -sentenció con firmeza. -¿Por qué? Presentimiento, nada más -alzo los hombros, como restándole importancia al asunto. Y por primera vez en todo el camino dejo de mirarlo y sus ojos eléctricos se fijaron el camino que recorrían. Estaban ya en las afueras de la ciudad, el ruido de la cuidad se mitigaba conforme el auto avanzaba y Kathryn se mordió el labio inferior con insistencia, comenzando a preguntarse a donde la estaba llevando o si tenía u punto de parada destinado desde que abandonaron la quinta avenida. Se decía interiormente que Finn podía hablar mucho, pero jamás le haría daño, no físicamente. -Soy un ser orgulloso, egocéntrico, me encanta llamar la atención; deseo que me admiren, que me amen. Deseo ser amada por Dios y por Diablo, deseo, deseo… tener…-guardo un silencio casi sepulcral durante segundos eternos. -…a nuestro hijo -seguía mirando de frente, sus palabras elocuentes y esa sonrisa esperanzada la hacían parecer casi ilusionada con la realidad alterna que su falacia había creado. Agregando un toque de melodrama, de esas obras de teatro de Broadway, su mano izquierda tomo la de su hermano que sostenía la palanca de velocidades, y entrelazo sus dedos con los de él sin darse cuenta si oponía resistencia o no.


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Kathryn J. ColdKing

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Re: Breakfast at Tiffany's #Mr. ColdKing

Mensaje por Finn T. ColdKing el Sáb Mar 09, 2013 4:17 pm



Ira. Enojo. Molestia. Grandes y oscuros sentimientos eran aquellos que se adueñaban del cuerpo y las emociones del ojiazul frente al volante. Mordía su labio inferior con fuerza, en una extraña manera de querer arrancar aquel musculo de su anatomía, como si tuviera la culpa de toda la ira que se había acumulado en sus pensamientos. Aclarar sus pensamientos habituales no era tarea sencilla, aquel chico envuelto en el psicoanálisis podría determinar el modo de pensar de las personas con un solo análisis, pero ahora, en estos momentos su mente estaba nublada y obstruida por los pensamientos que ella había implantado en él, de manera que detenerse a analizar si era la verdad o no, no estaba figurando en sus pensamientos principales de estos momentos. Los edificios de la ciudad fueron sustituidos por los troncos altos y ramas secas del bosque a la salida de la ciudad. Su vista seguía fija en el vidrio del auto, siguiendo con la mirada las curvas que daban la carretera, pero sus sentidos estaban fijos en las palabras secas y frías que la castaña soltaba con el único objetivo de dañarlo y confundirlo. Internamente sabía que la única razón por la cual ella aceptaba aquel ser en su interior era para desgastar el ego del ojiazul, romper su orgullo y dejarlo tan humillado como él quiso hacer con ella. Realmente la odiaba. Bajó la mirada hasta donde la mano de su hermana reposaba, sosteniendo juntos la palanca de velocidades, no se inmutó demasiado, trató de no pensar en ello para estar forma restarle importancia. Ninguno de los dos tenía el cinturón de seguridad puesto por lo que la velocidad comenzó a descender poco a poco hasta dejar el auto estacionado a mitad de la carretera. Dio un fuerte respiro y miró a su hermana con esa expresión inexplicable, luego bajó la mirada y volvió a levantarla, no necesitaba palabras para preguntarle a su hermana con un poco de sarcasmo: ¿Estas hablando en serio?. Una parte sabía que solamente aquellas palabras estaban cargadas de mentira para tenerlo en su control como siempre quiso desde que sus padres contrajeron matrimonio, ella era la única persona que él no podía poseer hasta la noche de la tormenta y él era el único que su hermana no podía controlar. También sabía que el orgullo de la castaña era tal que no dejaría de combatir a pesar que él esa partida había ganado. Ella primero había caído para bien o para mal en los brazos desnudos del joven Coldking. Ahora ella estaba frente a él, con una ventaja muy clara que tejía sus manipulaciones alrededor, era imposible no sentir odio hacía ella. Ella alguna vez lo había dicho, el odio es un sentimiento muy fuerte, el más fuerte que un ser humano podía sentir. El no relacionaba estos momentos con otro sentimiento. La odiaba por hacerlo sentir como un estúpido. La odiaba por hacerlo dudar, por plantar mentiras en su cabeza. La odiaba por crearle una ilusión. La odiaba porque era un sueño que robaría su alma. La odiaba porque lo hacía cambiar las reglas que él había definido. La odiaba porque le....Sobre todo, porque ya no podía deducir nada sobre ella, no lograba discernir que era verdad y que era mentira. De todas las millones de mujeres que habitaban este mundo se tenía que haber fijado en ella, en aquel ser oscuro que lo obligaba a destruirse, a destrozar su alma en miles de pedazos como un cristal lanzado contra una pared. La odiaba porque quizá para ella al final solamente sería un juego, una victoria más. No sabía qué hacer, era como estar de pie frente el borde a un edificio, su cerebro le decía que no era una buena idea, pero su corazón le decía que podía volar.

-
Te odio.- Murmuró sin dar explicaciones y la mirada fija en sus manos.

Sin embargo las cosas no estarían a favor de la ojiazul. A pesar de haber ganado la partida inicial ¿Por qué conformarse con una partida cuando podía ganar todo el juego? Aquellas palabras no saldrían de sus labios sin antes escucharlos de los ajenos. Aún así no estaba seguro de que realmente fuera a decirlo, podía obtener mucho, o podía perder demasiado y un buen apostador sabe que no hay que arriesgarse cuando las probabilidades en su contra son mayores a las de la victoria. Además, si algo bien conocía de sus antiguas relaciones era que todo se desvanecía con el paso del tiempo, todo inicio tiene un fin. Bueno o malo, pero tiene un fin. Todo niño deja sus juegos infantiles porque el tiempo le obliga a adaptarse a las nuevas jugarretas de la vida. Kathryn probablemente no sea la excepción. Tenía que dar la media vuelta, alejarse del borde del edificio y bajar con la lógica del elevador. Tenía que despejar sus pensamientos y atacar la lógica de la castaña. ¿Qué sabes de Kathryn? Se preguntó a sí mismo. Fácil, ella misma había respondido. -
De acuerdo…- Dijo después de tanto silencio. Un vehículo le hiso girar la mirada y seguirlo cuando con el claxon se quejó de que aquel vehículo negro donde se encontraban obstruía el paso por la carretera. No le importaba que todos los demás le gritaran, le importaba estar centrado en lo que estaba por hacer por lo que decidió volver a poner el vehículo en marcha y estacionarlo en un espacio aun lado de la carretera. -Dices que es mío, dices que quieres tenerlo. Es tu cuerpo, es de ti que hablaran por estar embarazada, a mí no me importas. Pero si es mi hijo él me importará, estudias leyes y sabes que no puedes negarme el hecho de estar con mi hijo. - Las palabras “mi” y “hijo” en la misma oración le causaban gracia, burla. -¿Bien, que dirás? Me embarace de mi hermano, llamarás la atención pero no creo que con eso te admiren ni mucho menos que te amen. - Rió, casi burlándose de ella. -¿Dirás que te violé? Hermanita aún tengo las marcas de tus besos en mi cuello, aunque las cicatrices en mi espalda quizá te den un punto extra- Sonrió cínico mientras la miraba a los ojos. Su sonrisa se expandió más imitando su risa de hace un momento, de pronto se acordó de algo que podría usar a su favor. -Katrhyn Coldking esta embarazada. Y es mío. Y me sostiene la mano mientras me dice que quiere tenerlo. ¿Y soy yo el que debe tener cuidado con ese corazoncito, el que debe recordar la regla principal? - Sabía que no podía confiarse de la respuesta de la inglesa, pues ella podría responder con una respuesta igual de contraatacante. -¿Quieres jugar a ser madre? Cómprate un perro, una rata, una mascota. ¿Un niño? Hasta tu sabes que es una locura, todas esas películas de Broadway al parecer ya se te han subido a la cabeza - La miraba con descaro a los ojos, en su propia mirada un destello casi burlón brillaba en sus ojos de color azul. Si las palabras de la castaña eran verdad Finnick la haría cambiar de su forma de pensar, pero esa criatura que en el estómago de la castaña crecía no llegaría a dar su primer respiro de oxígeno


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Re: Breakfast at Tiffany's #Mr. ColdKing

Mensaje por Kathryn J. ColdKing el Lun Mar 11, 2013 7:21 pm

Podía reconocer el camino donde estaban, era el mismo que había recorrido ene se mismo auto meses tras para ir a la fiestesucha esa del psiquiátrico. Por lo menos sabía cómo regresar si a su hermano se le ocurría abandonarla de nuevo. Kathryn pensaba que cuando viera a Finn lo suficientemente molesto le diría la verdad, pero ya lo había visto molesto, y verlo así no le daba la suficiente satisfacción para dejar de molestarlo. Prefería mil veces verlo discutir con ella, mostrándose cínico y sabelotodo como siempre se mostraba cuando quería tener el control de los hechos, a sabiendas de que Kathryn era la única que lo poseía, y que tarde o temprano y sin que él se diera cuenta terminaría por controlarlo a él. Un nuevo objetivo era el que se estaba fijando, después de todo ya tenía su objeto material más preciado, ahora quería acercarse a su pecho, introducir su diestra justo a la altura de su corazón y extirparle aquel órgano, y tenerlo bajo su poder en una caja de diamantes. Bien resguardado hasta el día en que él le diera los suficientes motivos para estrujarlo con fuerza, pero lentamente, hasta que él fuese besado por el ángel de la muerte. El único motivo lo suficientemente poderoso para que la ojiazul actuara de esa forma únicamente lo conocía ella, y si era preciso, se iría a la tumba con ese secreto. Se mostró reacia a seguir tomando la mano de su hermano a al escuchar sus últimas palabras, no porque hubiese dicho alguna verdad, todo lo contrario. Cruzo sus brazos sobre su pecho, manteniendo su labio inferior entre sus dientes, pero simplemente no pudo soportarlo más y se echó a reír como si le hubieran contado el mejor chiste de toda su vida. ¿Qué estaba pensando? Si el mejor chiste de su vida estaba justo a su lado. Una vez que consiguió controlarse un poco, respiro hondo y acomodo su cabello, únicamente para guardar la compostura. -¿A ti nadie te ha dicho que Broadway no es un cine? -le preguntó retóricamente entre risas burlonas incontenibles. -En un cine pasan películas en Broadway que es un teatro representan obras de teatro -le decía lenta y pausadamente, como si él fuera alguien con un retraso mental al que tenían que explicarle las cosas de esa forma para que por lo menos tratara de entenderlas. -Si te vas a burlar de mí por lo menos piensa bien tus comentarios, porque de lo contrario quedaras como un estúpido, como ahora por ejemplo -esta vez ya no reía, le dijo aquello con la misma frialdad de siempre. Aunque la sonrisa torcida y triunfante seguía reluciente en sus labios escarlata. -Yo no podría sentir nada más que lastima y pena por alguien que ni siquiera sabe la diferencia entre un teatro y un cine -agrego, como escudo de protección para que Finn se olvidara de la idea absurda de que ella era quien sentía algo por él. ¿Y qué si lo sentía? De todos modos de su boca jamás saldrían esas dos palabras que, está segura, él ansiaba escuchar para alimentar su propio orgullo. Dejo de mirarlo, ladeando su cabeza, dejando que su mirada se perdiera en el espesor del bosque que ya estaba pintado de su típico color verde pero con matices oscuros y fríos al no acabarse aún el invierno. Distraerse contemplando lo que la naturaleza le brindaba era mejor que provocar en exceso la ira de su hermano. Aunque se moría de ganas por llevarlo al límite, se contenía, pues ya sabía bien que pasaba cuando eso ocurría y esta vez no quería caer de nuevo en esos juegos placenteros pero destructivos. Ni ese día ni nunca volvería a jugar así con él.

-Que sepas que yo también te odio, y mucho más que tú a mí, puedes estar seguro -murmuro con desdén. Ni siquiera iba a pensar en todas las razones para odiarlo, quizás él pudiera leer su mente, como muchas veces lo había logrado. Aquella mañana no se traba a de ella ni de sus sentimientos por él castaño, se trataba únicamente de vengarse de él. No le había pasado nada cuando la dejo sola aquel día de octubre, pero ¿y si le hubiera ocurrido algo de verdad? Con lo que estaba haciendo únicamente deseaba asegurarse de que su hermano no la volviera a dejar sola sin que ella así lo quisiera. Una parte de Kathryn notaba un tanto débil a su hermano, estaba segura que era el mismo, pero había algo extraño en él. Quizás solamente estaba especulando, queriendo verlo más débil de lo que en realidad era. -No puedes tener las marcas visibles de mis besos, ha pasado ya mucho tiempo. Lo de las cicatrices en la espalda te lo creo, pero puedo decir que fue en defensa propia y ambos sabemos que me van a creer a mí. Simplemente porque soy mejor mentirosa que tú -acertó a decir, y sabía que él no podía discrepar, al menos no le podía dar un argumento que a ella le interesara y considerase verdadero. -New York no es el único lugar para vivir, puedo tener a mi hijo aquí, irme a Londres, u otro lugar del mundo, el que yo quiera… Canadá tal vez -dijo aquello último para sí misma, se quedó pensando un momento, en el que jugaba con un mechón de su cabello entre sus dedos. No estaba considerando la idea, pues no tenía ningun motivo para marcharse ya que dicho engendro no habitaba su vacío estómago, y jamás pasaría algo como eso. -Aunque sea tu hijo, no te dejaría verlo, no quieres que lo tenga, entonces no tendrás ningun derecho sobre él. Bien pude desaparecer en cuanto me entere, pero prefiero torturarte un poco, ya sabes cómo es todo conmigo -puso los ojos en blanco, y estiro una de sus manos, la que tenía el brazalete de oro con diamantes incrustados solo para molestarlo, y tomo de nuevo la de él y con su mano libre le tomo la barbilla para que volteara a verla. Pudo ver en sus ojos la ira y la frustración disfrazadas de cinismo. Ya debería de saber él que esas actitudes no funcionaban con ella. Kathryn lo conocía tal y como era y aun así estaba a su lado, y si fuera por ella -aunque no quisiera aceptarlo-, siempre estaría con él, pues aunque fuese de forma negativa él era un buen compañero de juegos. -Hagamos un trato, yo te doy a nuestro hijo, y tú me compras una mascota el día de hoy -no se lo estaba preguntando, ni esperaba que le respondiera. Miro a ambos lado del camino, atrás y adelante, y la carretera estaba desierta. Entonces se puso de pie, llevo sus manos a la mitad de su espalda y soltó el broche de la almohadilla que hacía que su vientre se viese asquerosamente abultado. -Felicidades, es un hermoso niño, creo que tiene tus ojos -se lo tiro sobre las piernas, una vez que lo saco debajo de su vestido. Volvió a sentarse sin dejar de sonreír triunfante, porque por lo menos había conseguido sacar de sus casillas al ojiazul antes de que terminara la hora del desayuno. -Estaba pensando en un gato, uno de color miel para que le pueda poner gato.. Y un día, cuando… cuando se dé la situación, salir bajo la lluvia, abandonarlo, y volver casi al instante y recuperarlo para así abrigarlo bajo mi gabardina -había obligado a su hermano a ver el final de esa película, una de sus favoritas, así que debía de saber de qué estaba hablando, así que no le iba a explicar nada. -Te extrañé, hermanito .
La carretera estaba solitaria, nadie pudo ver como la castaña tomaba el rostro del ojiazul entre sus manos y depositaba un beso sobre su boca, apenas succionando su labio superior, ansiando más pero conteniéndose por el bien de su renovado orgullo. -Sé que me extrañaste, no necesitas decirlo -después de cada palabra un beso le daba, al final se separó de su rostro dejándolo en libertad, aunque ese hilo invisible, tan fuerte como frágil, seguía uniéndolos.


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Kathryn J. ColdKing

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Re: Breakfast at Tiffany's #Mr. ColdKing

Mensaje por Finn T. ColdKing el Lun Mar 18, 2013 11:59 am



Rodó los ojos. Las reglas de Finnick estaban planteadas a su favor y protección, en el momento justo que su hermana lo había logrado molestar él hubiera desaparecido, alejarse de ella porque en ese estado de ira podía decir cualquier cosa, sea una verdad o mentira tan perfectamente planeada para destruir aquello que él quisiera aniquilar. Así era él, positiva o negativamente sabía cómo destruir todo lo que él inició, no debía de sorprenderle a la ojiazul que el inglés sabía anticipar y almacenar una carta bajo la manga de manera que el momento justo que él se decidiera podría acabar con todo lo que estos años había trabajado, era como el botón rojo, aquel que no se debe presionar hasta estar seguro de querer destruir realmente todo. Aunque en estos momentos sus dedos jugaban con el botón rojo su inconsciente había realizado la primera acción. No sé molestó en aclarar su comentario, él no era tan fanático de los musicales y las obras de teatro, en cierta parte se sintió bien por ese comentario, si hubiera dado en la respuesta correcta se hubiera sentido homosexual. Es por eso que sonrió a pesar de la burla que su hermana le hacía. Pero su sonrisa no tardó demasiado tiempo, así como había aparecido desapareció al ver como su hermana le aventaba la almohadilla sobre la piernas. En su carrera esa era una de las principales cosas que debería saber, antes de creer cualquier teoría debería comprobarla. Golpeó el volante del auto en un intento de librar su frustración, el único sonido que pudo ser apreciado a través de la distancia fue el claxon, aquél que había recibido su ira, se llevó las manos hasta su cabello y llevó las hebras de cabello hacía atrás. Aspiró profundamente y mantuvo la mirada fija hacía el frente, esta fue desviada cuando ella sujetó su barbilla y lo besó, no estaba de humor para devolver el beso en los labios por lo que se quedó quieto, sin siquiera abrir su boca para permitirle un acceso en su interior. Un beso tan frio como el corazón de una serpiente fue el que la castaña recibió por su mentira, a partir de estos momentos así sería, por que esa toxica atracción que él sentía hacía ella solamente lo corroía desde su interior, era una extraña enfermedad que destrozaba todo lo que estaba a su paso, todo lo que ella tenía acceso era para destruirlo. Él no sería, uno más. Al contrarío tenía que buscar la manera de despojarla de esa corona roja como la sangre que adornaba su cabeza. Desde su punto de vista los acuerdos no se cumplían entre ellos, eran demasiados orgullosos y destructivos para mostrar vulnerabilidad el uno hacía el otro.

-
Siempre obtengo lo que quiero, no debes olvidarlo…- No era un comentario para ella, era más bien un recordatorio para sí mismo, como si fuese necesario escucharlo de su propia vez para recordar que así fue, así era y siempre sería así. Volvió a regresar la mirada hacía la carretera vacía y solitaria, como se sentía, no por el hecho que no había ningún engendro en el interior de su hermana eso lo agradecía, sino porque había caído en la perversa mentira de la mujer. No comprendía porque eso le molestaba, quizá era la emoción que su orgullo destrozado le causaba, o pensar que algo que antes no debió de molestarle ahora le incomodaba. Quizá por otra cosa, pero en estos momentos la ira era mayor a cualquier otra emoción. -Debí aprender la noche de la tormenta. - Sonrió, esta ocasión no cínica ni cruel, sino una sonrisa nerviosa de aquellas que adornan tus labios cuando no quieres continuar hablando pero te das cuenta que has empezado a hablar y no puedes detenerte ahora. - Tu ganas. - Dijo al momento, podría haber mentido pero según las palabras dichas por los labios de la inglesa él no era tan buen mentiroso como ella y en estos momentos tenía los pensamientos vueltos una tormenta que de nueva cuenta no lo dejaban pensar con tranquilidad y crear un arma de doble filo que lo hiciera volver a tener el control de la situación. -Esto es el final, no podemos ser contrincantes ni aliados esto está claro. En ambas, los únicos rivales somos tu y yo, siempre ha sido así y no pararemos hasta destrozar al otro, no somos hermanos, no somos amantes, no somos aliados… Ahora seremos nada. - Si lo miraba desde cierto punto, nunca habían sido aliados, desde que ese acuerdo se había firmado habían comenzado un juego en el que cada encuentro había un ganador, ella había rebasado los límites de alguna manera con esta partida. Aquellas emociones del castaño debían ser extirpadas de alguna forma. -¿Cuál es la conclusión?- Preguntó retóricamente hacía si mismo. -Me gustas…- Confesó sin darle más vueltas al asunto, no quería revolverla como siempre, quería ser directo. Solía divagar mucho para esconder la verdad detrás de sus palabras pero en ocasiones, como esta, no tenía caso de esconder lo que quería decir, solo había una verdad absoluta. Dicen que él primer paso a la rehabilitación, es la aceptación. Giró la mirada y la vio a los ojos, su mirada se volvió cruel y su sonrisa se desvaneció en su rostro serio y frio -Te lo digo aquí y ahora, esta atracción va a desaparecer, será aniquilada. Por ti no sentiré jamás algo mayor. Jamás. Prefiero morir antes de perder y sabes bien que esta es la verdad.- Clavó su mirada en la ajena, incitándola a quedarse callada unos minutos de su vida. La burla por parte de ella no ayudaría en nada. -Nunca diré aquello que quieres escuchar. No me convertiré en tu juego. Así que hoy termina todo. - A veces era mejor abandonar la guerra antes que bandear la bandera blanca, entre ellos la guerra no tendría fin, como contrincantes o como aliados no había final hasta hundir al otro. Quizá ella decidiera declararse como ganadora, pero Finnick solo se sentía atraído por ella no estaba enamorado hasta donde él creía, mucho menos la amaba. La atracción no es más que un deseo pasional que puede mutar y volverse algo mayor o menor, bueno o malo, amor o tedio. Podría decirle poco hombre por dejar el juego antes de perder, pero ya había tomado su orgullo el día de hoy, no tenía nada más que perder. -¿Es lo que siempre quisiste no? Que te dejara tranquila. Que te deje hacer lo que quisieras. Pues bueno, felicidades, lo has logrado.- Se debería sentir bien, tranquilo y seguro de estar tomando la decisión correcta. No entendía porque no se sentía de esa forma. -Me avergüenza más de lo que tú crees. No puedo dormir, no puedo comer, tengo ganas de vomitar cuando estas cerca. Algo en mi estómago se mueve…son como… aleteos…- Sacudió con la cabeza, negando esas palabras. -Esto no te debe interesar. - Cierta parte interna no quería continuar, lo había dejado claro esta atracción no crecería más de lo que ya era en este entonces, no quería seguir hablando de ello, no quería pensar en aquello. Si continuaba hablando podría darse cuenta que era más que atracción y eso era algo que no se iba a permitir, algo que el mismo tampoco quería descubrir. Sin decir nada más se giró, abrió la puerta del vehículo y la cerró de un golpe, no se molestó en mirar por última vez la sonrisa cínica y triunfal de su hermana, tampoco discutiría en cómo no había ganado aún, no del todo. Lo único que quería hacer era caminar hasta perder la conciencia. -Debiste dejarme ir hace unos momentos- Sonrió levemente y comenzó a caminar de regreso a la ciudad, no le importaba si se llevase todo el día caminando, simplemente no quería estar junto a la Coldking otro segundo más. Lo había dicho, siempre obtenía lo que quería y lo que ahora quería era alejarse de Kathryn.



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Re: Breakfast at Tiffany's #Mr. ColdKing

Mensaje por Kathryn J. ColdKing el Miér Mar 20, 2013 11:57 am

Ya muchas veces ella había sido quien amenazaba con alejarse de él, pero nunca había llegado a decir, a menos no de forma sincera, que por fin había llegado el final de todo. Finnick lo había dicho sin contemplaciones, ella podía apostar a que aquello era lo más sincero que le había dicho en mucho tiempo. Sin embargo Kathryn no estaba dispuesta a dejar que se marchara, por dos razones: No iba a dejar que él tuviera la última palabra y porque no quería que se alejara de ella definitivamente. Aunque lo tratara de la peor manera, esa era su forma de llamar su atención y mantenerlo interesado en ella. Pero por desgracia a veces olvidaba que todos tienen un límite. No estaba arrepentida de lo que había hecho, porque no cambiaría nada de lo sucedido desde que lo había conocido, así como tampoco cambiaría nada del castaño. Salió del auto una vez que se dio cuenta de que en verdad él no regresaría, ni siquiera para intentar convencerla de que le devolviera el vehículo. Finn muchas veces fue tras ella, ahora le toca a Kathryn hacerlo, por más que su orgullo se esforzara en mantenerla atada al asiento, ella logro levantarse prometiéndose a sí misma que nada de lo que dijera la denigraría frente a él. -Ni en Broadway vi tanto melodrama -comenzó a decir en voz alta, lo suficiente para que él detuviera sus pasos o supiera que ella no se iba a dar por vencida tan fácilmente. Sus tacones sonaban una y otra vez, emitiendo un sonido parecido a un tambor siendo tocado con demasiada prisa, tenía prisa por detenerlo y eso debía de quedar claro. Una vez que logro estar lo suficientemente cerca, aferro sus dedos al brazo del ojiazul, obligándolo a detenerse. No pensaba soltarlo, no hasta que ella pudiera decirle todo lo que pensaba sobre las confesiones dichas. Sólo que se enfrentaba a su problema de siempre, pensaba las cosas dos veces antes de decirlas, esta vez era mucho más difícil ya que necesitaba decirle algo que lo mantuviera cerca de ella, pero sin que las cosas cambiaran. Recordó en su mente una vez más lo que él había dicho, y se dio cuenta que no estaba reaccionando como debería al saber que le gustaba al castaño. Eso ya lo sabía, o creía saberlo. Sin embargo, tratándose de ellos dos, nada era certero hasta que las palabras fueran dichas. -¿Aleteos? ¿Cómo Mariposas? -pregunto arqueando una ceja y siendo descaradamente irónica más de lo que ella hubiese querido dar a notar en ese momento. Pero a él no podía ocultarle nada, ni siquiera podía actuar estando frente a él. Extrañamente aquel día le estaba resultando difícil siquiera intentar engañarlo. La prueba estaba en que no pudo sostener su mentira del embarazo por más tiempo. -Esas mariposas deben morir, y tú sabes muy bien por qué lo digo, no olvides con quien estás hablando -con su mano libre le apuntaba con el dedo índice, advirtiéndole oficialmente que si no se tomaba una cantidad considerable de insecticida las cosas serían mucho peores de lo que ya lo eran. Kathryn no esperaba que con él las cosas se dieran de forma diferente, todos comenzaban sintiendo mariposas en el estómago estando a su lado o con sólo pensar en ella. Y cuando la relación daba para más, ella misma -de forma directa o indirecta- se encargaba de destruirlas. Y por mucho que quisiera hacerlo sufrir por su cuenta, prefería que él las asesinara en propia mano. -Esto no me puede estar pasando -murmuro con un dejo de coraje, pero no contra él, sino contra ella misma. Al parecer esa mañana se empeñaba en lograr que Finn no fuera el único confundido. Lo soltó, pensando en que quizás si hubiese sido mejor que lo dejara marcharse. Prefería mil veces estar aburrida sin él que avergonzarse de sí misma estando a su lado. -También me gustas, Finn, si no me gustaras, ¿crees que habría tenido relaciones contigo la última vez? -era una pregunta retórica que no necesitaba respuestas, únicamente le servía para nivelar un poco las cosas, aunque con si siguiente comentario seguiría dejando la balanza a su favor. -Pero que me gustes es muy diferente a sentir aleteos en mi interior cada vez que estoy a tu lado -lo mira con reproche, y experimentando una nueva sensación de desconfianza. Quizás las palabras de Finn y su nueva actitud decaída y vulnerable, a los ojos de la castaña-, tuvieran un significado oculto. La posible victoria en un nuevo juego del cual ella no estaba enterada. Era muy típico hacer creer a una persona que sientes algo más que simple deseo, lograr que se enamore y después dejarla únicamente para levantar el ego. Ella lo había hecho por años, y no permitiría que nadie se lo hiciera. Y para eso necesitaba estar cerca de Finn. Debes estar cerca de tus amigos, pero más de tus enemigos. Y si él no la quería de hermana, amante y aliada, entonces indirectamente la aceptaba de enemiga. -Dices que es el final, ¿Cuántas veces hemos dicho eso ya? Ambos sabemos que no puedes estar lejos de mí, tú lo dijiste la última vez que estuvimos juntos, y sé que no me estabas mintiendo -sonrío con autosuficiencia. Lo conocía como nadie nunca llegaría a conocerlo y él ya no podía ocultarle nada.

-Escucha bien, porque solamente lo voy a decir una vez -inhalo profundamente para ventilar su cerebro, con la esperanza de que aquello ayudara a despejar el impulso que sentía por burlarse de él al actuar de esa forma. No podía burlarse en parte porque ella sentía lo mismo. Dudo unos instantes, pero tomo el rostro del ojiazul entre sus manos, obligándolo a mirarla directamente a los ojos. La expresión en su propio rostro era vacía y ajena a cualquier tipo de emoción que no fuera la frialdad y a la vez la confusión que tanto se esforzaba por ocultar. -No quiero que me digas lo que antes quería escuchar porque mi orgullo así me lo pide. Prefiero no saber nada. Tú y yo somos como imanes, ¿lo notas? Nuestra atracción es innegable desde el momento en que nos conocimos. Pero no por eso tenemos que apegarnos a los parámetros de este tipo de situaciones, hagamos lo que siempre hemos hecho, estar juntos sin verdaderamente estarlo. Porque somos tal para cual, perversos, retorcidos, crueles… Si lo piensas bien tenemos una suerte increíble de habernos encontrado. Lo que tenemos no puede terminar aquí ni en esta vida, tú y yo nos acompañaremos hasta en el infierno. Siempre lo hemos dicho -la verdad iba acompañada con una sonrisa amarga, tan amarga como el veneno debía serlo. Agacho la mirada, y su frente quedo contra la barbilla del castaño, su barba le cosquilleaba la piel, y sus mejillas se entibiaban si llegar a sonrojarse, en tanto una de sus manos acariciaba el cabello castaño de su hermano, peinandolo hacía atrás en un vago intento de clmarlo, quizás también, de provocarlo. Esperaba que él no la interpretara mal, porque no le estaba rogando ella jamás lo haría por nadie. Ni siquiera por él, a quien creía el único elemento necesario para complementar su existencia. -Debí dejarte ir, ese día y ahora. Pero no puedo, no quiero…-murmuro ya sin molestarse en contemplar sus palabras antes de articularlas. ¿Ya qué caso tenía? Si de todos modos él interpretaría todo a su conveniencia. -Haré lo que haga falta, si es necesario te obligaré a estar conmigo. Porque al igual que tú siempre consigo lo que me propongo -sus manos abandonaron el rostro y el cabello de su hermano, y ya estaban sobre sus hombros, no duraron ahí mucho tiempo, pronto rodearon al joven ColdKing, abrazándolo ligeramente, apenas rozando sus brazos a sus costados y las palmas de las manos a su espalda. Aunque mucha gente cree que nuestra mente es quien controla nuestros actos. A menudo es el corazón quien más tajaba, puede obligarnos a hacer las mayores locuras. Pero también a hacer que nos arriesguemos en nuevas aventuras. Porque cuando abrimos nuestro corazón, podemos abrirnos nuestro corazón, podemos explorar un mundo de amor. Y llevarnos una agradable sorpresa con personas que ya están en nuestra vida. Pero por desgracia, el corazón de la castaña siempre ha sido y será letal, por ello todo lo que lo rodea quedará hecho pedazos. Y aun sabiendo esto, ella seguía firme en mantenerlo a su lado, era demasiado egoísta como para ver más allá de su propio bienestar.

Si seguía así, terminaría por destruirse.


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Re: Breakfast at Tiffany's #Mr. ColdKing

Mensaje por Finn T. ColdKing el Lun Mar 25, 2013 12:45 am


La había encontrado. Aquella forma de destrozar la corona que poseía sobre su cabeza la joven Coldking era tan peligrosa que él mismo tenía que mostrar su debilidad, debía haberlo imaginado, eran tan similares que la debilidad de la inglesa debería ser la misma que la del inglés. Jugaría en brazos de la muerte, al borde de un acantilado estarían caminando donde un paso en falso y el caería, ahora debía de ser cuidadoso, ser débil sin mostrar su debilidad. Mientras ella se mantenía abrazado a él, él sonrió levemente imaginando lo que ahora tenía frente a él y lo que le esperaba. No era mentira, realmente sentía lo que había dicho pero no por ello dejaría todo y sería otro, nadie cambia para el bien. ¿Finn y Kath juntos y tomados por la mano? Eso seguramente sería aburrido e imposible, lo había dejado claro, esas mariposas debían morir. Si tenía que sacrificar a alguien para salvarse a él mismo lo haría y eso ya estaba demostrado por más de una ocasión. La muerte era su enemiga, pero también su aliada. Se quedó callado, tenía más que decir mucho más, pero debía mantener el silencio pues era lo que más le convenía en estos momentos. Comenzó a morder la comisura interna de su labio inferior para entretenerse y enfocar sus ideas a sus planes y continuar caminando a salvo por el barranco. ¿Estaba dispuesto a hacer sufrir a la castaña? ¿A derrotarla en su propio juego? Si. La haría amarlo hasta que su cuerpo de quiebre en fracciones en su ausencia, su corazón se marchitaría perdiendo su color rojo con su indiferencia, era su juego y si ella lo haría con él, él lo haría antes con ella. No olvidaba que era su plan original, después de aquella noche donde el cielo retumbaba en el exterior él se prometió que lo siguiente que haría sería lo mismo que en estos momentos regresaba a su cabeza. La razón era incierta, tampoco él conocía las causas de sus efectos. Quizá solo quería hacerla sufrir como hacía con todas, quizá era la manera de ganarle al final de todo, quizá era la manera de hacerla sentir lo que él quisiera que ella sintiera por él. Muchas variables en la ecuación pero solamente una daba el resultado correcto. Era una problemática que su orgullo quería hallar pero su corazón quería dejar en la duda. Vivir en la duda no debería ser demasiado mala para una persona sin orgullo, pero el cuerpo del ojiazul estaba hecho de aquella característica que no lo dejaba abandonar todo y seguir adelante, sabía que traería como consecuencia si esas orugas mutaban a mariposas, los celos te destruyen y acaban con tu existencia y como él había dejado bien claro, no dejaría que esos sentimientos se adueñen de él. No sabía que decir, su ego le decía que él había ganado ella había ido tras él y ahora según sus palabras no lo dejaría ir, pero otra parte de si decía que eso no debería importarle que podía dejar todo aquí e intentar ser otra persona. Quizá con ella. Su respiración pausada era el único sonido de su alrededor, una respiración que exteriormente demostraba la confusión y frustración de su interior. Confusión en seguir lo que estaba por comenzar o dejarlo todo. Se había propuesto dejarlo todo, romper todo lazo que lo ataba con ella y seguir con su propia vida y su misma diversión; quedarse significaba seguir en el juego, con la única rival que no había podido vencer, y aquella que también buscaba su destrucción. Sabía que eso haría, directa o indirectamente ambos seguirían con el juego a pesar de prometerse dejarlo.

-
Ya tienes tu final de la película-Murmuró lejano y sin ganas. De esta forma se sentía, como un gato abandonado que ahora corrían por él. Quizá ese era el mensaje de los 5 minutos que lo obligó a ver, no observó la película completa por lo que no entendía nada de lo que ella quería demostrar con eso. Pero como ella bien sabía el adaptaba las cosas a su conveniencia. -Es verdad, no pude estar lejos de ti. Nunca lo intente realmente, en esos momentos quería más venganza que otra cosa- Las cosas no podían terminar con ella como ganadora como esa vez hubiera sido. Si un ganador tendría que haber en este juego este debería ser aquel perverso ojiazul. -Es por eso que no podía estar lejos de ti- En ocasiones él mismo se creía sus mentiras, intentaba convencerse que las cosas estuvieron siempre planeadas por él y que todo había salido acorde a su plan inicial. Y de alguna manera sorprendente tenía esa capacidad de usar las casualidades a su favor y conveniencia. Se lo había propuesto literalmente, se olvidaría de ella, de aquellas emociones y aquellos insectos en su estómago serían asesinados de la manera más dolorosa que su cabeza pudiera imaginar. Todo volvería a ser como se suponía que debería ser desde un principio si lograba aquellos tres objetivos. Dio un paso hacia atrás, separándose de aquel abrazo que ya había tardado demasiado. Un paso más y no había ninguna clase de contacto entre los medio hermanos. Bajó la mirada, enfocando sus ojos azules en ella, azules y fríos como el hielo. -Te lo he dicho y lo repito. Esto será aniquilado.- Le prometió y se prometió a sí mismo. Desde este momento era cuando todos aquellos pensamientos que no fueran relacionaos con cinismo y sarcasmo deberían desaparecer de su cabeza. Ahora era ella la que no quería que él se aleje, pero él no solamente quería irse, necesitaba alejarse y aclarar sus pensamientos y teniendo a la ojiazul cerca de él no podría hacerlo. -Obligarme… suena irónico y también un poco cínico. Pero no, esta vez no lo harás - Sus labios se curvearon de manera cruel ante aquella idea de ella manipularlo por completo. Que él sintiera esas cosas por ella no significa que todo cambiaría y que de pronto pensaría en felicidad y margaritas. Imposible. Arqueó una ceja. -Te dije que me gustabas, pero nunca, escúchame bien, nunca diré aquello que quieres escuchar. - Suspiró pesadamente y levantó la mirada, como si estuviera ya frustrado de todo esto. -Nunca lo sentí y nunca lo sentiré- Su voz era seria y sin inmutarse a otras interpretaciones. No debía haber un desvío en sus objetivos y llegar a enamorarse era el final de todo lo que él creía. El primer objetivo de un mentiroso es que él mismo se crea su mentira, este era el segundo plan del castaño. Se convencería a sí mismo que no sentía nada pero seguiría mostrando su vulnerabilidad para de estar forma hallar la de su hermana. Destruirla y acabarla. Su orgullo no le dejaba quedarse de pie con los brazos cruzados, quería hacerla sufrir tanto como él lo hacía. -Esto termina aquí- No se refería al trato que tenían en común, se refería a los sentimientos que comenzaban a adueñarse de su cuerpo. Arqueo una ceja, mirándola retadoramente. -Este será mi nuevo juego, verás que lo olvidaré rápidamente. Recuerda que puedo jurar amor eterno, pero el efecto pasa al cabo de unos segundos- Aunque él se prometía a seguir todo conforme a sus planes, sus pensamientos sin razón lo hacían actuar de otra forma. Su orgullo le decía que se muestre vulnerable y que de esta forma ganaría finalmente aquella partida de ajedrez del destino, su razón le recordaba que era mejor olvidarse de los estúpidos sentimientos que la castaña le provocaba. Él estaba más confundido que lo que seguramente había dejado a su hermana, no podía llegar a un pensamiento común, todo estaba contrariado, nadie podía entenderlo en estos momentos.


I lobed you. Yeah, with ‘b’ because was a mistake.

@thx
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Re: Breakfast at Tiffany's #Mr. ColdKing

Mensaje por Kathryn J. ColdKing el Lun Mar 25, 2013 11:36 am

Suponía que así se sentía cuando algo de verdad dolía. Como si un montón de espinas le recorrieran el cuerpo o como si estuviese parada sobre carbón al rojo vivo. Las circunstancias podían ser diversas, pero la sensación de estar cayendo a un pozo sin fondo era la misma. No esperaba que precisamente ese día fuera donde de verdad Finn llegara a su límite con ella. De hecho, ni siquiera llego a imaginar el día en el que por fin él se aburriría de interpretar su papel de hermano mayor, aliado o amante. Pero tampoco le sorprendía, no demasiado. Kathryn acostumbraba a pensar siempre lo peor en cualquier situación, así cuando llegara la decepción no caería de golpe contra el pavimento con tanta dureza como lo haría si en su interior hubiese albergado alguna clase de esperanza. Aun así no dejaba de preguntarse a sí misma. ¿Por qué? De verdad lo que le había hecho en todos esos años, o en ese día había sido tan terrible, ¿lo había sido para él? Porque ella tenía muchos más alcances para hacer su vida miserable, aun no la había conocido del todo, ni ella a él. Tenían que pasar por muchas cosas aun antes de que ella fuera quien lo deja a él a un lado. Cuando alguien mejor apareciera en su vida, alguien con más personalidad, más entretenido y por supuesto con mucho dinero. Agacho la mirada, cuando se dio cuenta de lo que en verdad estaba pasando. Fue como si un balde de agua helada hubiera caído sobre ella y le regresará a la verdadera Kathryn. No le dolía que él quisiera alejarse de ella, le dolía en el orgullo no ser ella quien dio el paso definitivo para alejarse de él. Le dolía ser la dejada y no quien dejaba como estaba acostumbrada a que pasará. Si antes había creído sentir cosas por el individuo frente a ella ahora no podía estar más alejada de esas especulaciones. ¿Kathryn sentir algo bueno por alguien más que no fuera ella? Era tan posible como que nevara en un desierto. Dio un paso hacia atrás, para que la fuerza magnética que él poseía no la volviera a atraer hacía él contra su voluntad. Dejo de mirar el interior del bosque, y desvió su mirada hacía la carretera al tiempo que pasaba un auto, el conductor miraba en su dirección, curioso por la escena que ambos hermanos protagonizaban. Kathryn pensaba que lo mejor era acabar con eso de una vez y para siempre. Sus ojos azules, esta vez poseían una mirada tranquila, con un ligero toque de resentimiento, lo miraban atentamente. Queriendo ver más allá de su postura inquebrantable y sus palabras frías. Los ojos son la ventana al alma, los que muestran la verdad que se oculta tras una barrera de mentiras. Los ojos de su hermano también eran descifrables, y la castaña sabía que aunque todo pareciera indicar que había perdido esa mañana, las cosas habían terminado en un patético e innecesario empate. Él la estaba dejando, sí, pero también estaba abandonando el juego sin haber conseguido nada que de verdad pudiera presumir, mientras ella seguiría conservando ese auto que siempre le recordaría a él. De una extraña forma se sentía liberada físicamente, y atrapada emocionalmente en una prisión de sentimientos que aún no descifraba, ni siquiera quería hacerlo. Prefería olvidarse de él, así como él comenzaba a hacerlo con ella. Todas las grandes obras de arte deben empezar por el final. Y cuando dejará a su hermano atrás ella comenzaría la suya, sola.

«Si quieres olvidar algo en el acto, haz una nota poniendo que hay que acordarse de eso». Pensó al tiempo que creaba esa nota mental, escrita con tinta de color rubí, pues era más importante y vital que las demás. Su postura ya había cambiado, su aspecto de ausencia, de profunda e irremediable frialdad se cernía y lo invadía todo a su alrededor. -Por un momento casi olvido que a ti no te puedo obligar a nada. Admitirlo no es algo que me guste mucho -encogió los hombros, con fingida disconformidad, él ya lo sabía, no era la primera vez que Kathryn admitía que a él no podía ponerle hilos en las extremidades y manipularlo a su antojo como a un vil títere de su colección. Y ya no lo intentaría hacer de nuevo, porque los lazos que unían a esos dos hermanastros se volvían cada vez más débiles, faltaba poco para que terminarán de cortarse, y Kathryn debía de tener la última palabra, por lo menos ese privilegio no se lo arrebataría ese ojiazul. -Sí, Finn, ya sé muy bien lo que puedes hacer y lo que no. Recuerda, hermanito, querer es poder, y si tú quieres podrías olvidar que dentro de ti están esos asquerosos bichos. Puedes ir con un psicoanalista, quizás te pueda ayudar. Alguien muy sabio dijo: Cuando alguien está dando signos de verdadera cordura es cuando se le debe de poner la camisa de fuerza. Tú estás siendo muy sensato ahora al alejarte de mí -afirmo convencida de sus palabras. Tal vez no era la más peligrosa de las mujeres, pero emocionalmente era como la viuda negra, sembrando su letal veneno en las emociones de los demás, que mataba lenta pero efectivamente. Ese día Finn tendría que morir para renacer en alguien nuevo, alguien que ni por error quisiera relacionarse con aquella serpiente de corazón frío. Avanzo hacía él, pero no lo rozo ni siquiera los sus brazos, ahora estaba a su espalda, y esperaba que él diera la vuelta por lo menos para mirarla por una última vez. Las llaves seguían en el auto, por lo que se ahorraba el pedírselas. Hubo un momento en el que todo se quedó en silencio, un silencio bastante incomodo pero necesario. -Vamos a jugar un último juego, Finn -le propuso con picardía, percibiendo el brillo de sus ojos ante esa proporción. Se acercó a él, quedando tras su espalda, pero sin tocarlo de ninguna forma, sus tacones le permitían hablar al oído de su hermano sin dificultad alguna. -Se llamará: ¿Cuánto tiempo puede estar Finn lejos de Kathryn? -murmuro a su oído con malicia. Incluso sabía lo que él estaba pensando, en la sonrisa retadora de la castaña, que era justo la que esbozaba. -Te diré las condiciones...- agrego. Si lo retaba a alejarse de ella, sabía que le sería más fácil aferrarse a la idea de que no debía buscarla, de que en verdad era el fin de esa insana relación que era de todo menos de hermanos. Ni siquiera sabía por qué le hacía ese favor, si ella sabía, de forma inconsciente, que si él conseguía sacarla de su vida ella perdía. -Bajo ninguna circunstancia nos tenemos que volver a encontrar -prosiguió con naturalidad y ya alejada de él, solamente un paso de distancia. -Los dos estudiamos carreras diferentes, así que no hay pretextos hablando de la universidad. Es más, me cambiaré cuando termine el semestre. En cuanto a nuestros padres, por mi te puedes quedar ese territorio, mientras el viejo me siga enviando mi mensualidad como se debe no me pararé nunca por la casa de Inglaterra -hizo una breve pausa para aclararse la garganta antes de continuar. -No es necesario que lo diga, pero supongo que hay que dejar claro todo. Si me hablas de cualquier forma pierdes, si me buscas pierdes -le dijo con dureza, para que le quedará claro. -Te preguntarás, qué pierdes? Si pierdes, me tendrás que decir esas dos palabras y...-volvio a hacer una pausa esta vez más prolongada. Avanzo hasta el auto con prisa, y antes de arrepentirse, subió al auto, lo puso en marcha con lentitud y se acercó de nuevo a él y dejo inmóvil el auto. Elevo la mirada, para poder contemplar cada detalle de su rostro, torturándose al pensar que ni siquiera lo había besado por última vez, contuvo un suspiro antes de volver a mirarlo como si fuese un completo extraño. -Puedes volver a tu departamento por la tarde, ya mis cosas estarán de nuevo fuera…-guardo silencio, replanteándose lo del auto. -Te dejaré las llaves de este coche, el cual también me tendrás que devolver si pierdes. Espero de verdad que no pierdas porque ya no quiero nada que tenga que ver contigo -le sonrío con amargura y cinismo a la vez. -Si pensaste que te iba a rogar estabas muy equivocado, ya tienes lo que querías. Adiós --levo las yemas de sus dedos a sus labios, deposito un beso en ellas y lo soplo en dirección a su hermano antes de arrancar el auto y perderse en la carretera. «Bajo tales tormentos sucumbió lo poco que había de bueno en mí. Infames pensamientos convirtiéndose en mis íntimos. Los más sombríos, los más malignos de todos los pensamientos eran acariciados por mi mente. La tristeza de mi humor de costumbre se acrecentó hasta hacerme aborrecer a todas las cosas y a la humanidad entera». Pensó recordando al que, apartir de ese momento, sería el único hombre importante en su vida.


You know we have is separate way
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Kathryn J. ColdKing

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Re: Breakfast at Tiffany's #Mr. ColdKing

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